miércoles, 11 de mayo de 2011

AMOR A LOS 14. CAPÍTULO 7

¡Menudo domingo!
Creo que con mi vida podrían hacer una película o una novela juvenil. Y es que las casualidades no paran de sucederse. ¿Es cosa del destino? En este caso, creo que más bien ha sido cosa de mi madre.
Hoy me levanté bastante tarde. Tenía mucho sueño porque anoche me costó dormirme. Normal. Los besos con Adrián, la pillada a Pablo, el enfado de Alicia... todo pasó muy deprisa y de una forma inesperada. Demasiadas cosas en mi cabeza. Por mucho que le ordenaba a mi mente que descansara, ésta era incapaz de relajarse. Ni contando ovejitas, ni escuchando música tranquila... nada. Imposible. Me dormí cerca de las cuatro de la madrugada. Así que hasta las once y media no me he levantado.
Mientras desayunaba, mi madre me contó que ayer habló con Eva, la vecina. Sí, la madre de Adrián. ¿Mi suegra? Suena muy raro llamarla así. Soy muy joven para tener suegras. Sin embargo, si empiezo a salir con él, esa señora se convertirá en eso. ¿No? El caso es que las dos conversaron animadamente y decidieron que hoy comeríamos las familias juntas. ¡Día de paella en el jardín!
Por un momento, pensé en que esto podría parecer la típica comida familiar planeada entre los padres del novio y de la novia. Pero cuando Eva y mi madre hablaron ni siquiera nos habíamos besado. ¡Qué casualidad! Justo el día después de liarnos, ya tenía que comer con su familia. Raro, ¿no?
A decir verdad, tampoco era tan mala idea. Podría volver a estar con Adrián. Aunque no sabía exactamente como comportarme. Después de lo de ayer, ¿éramos novios? Lo estuve pensando el resto de la mañana. Y solo estaba segura de una cosa: fuéramos lo que fuéramos, mis padres y los suyos no podían enterarse de nada.
Cuando sonó el timbre de mi casa, me puse muy nerviosa. Mi madre me gritó que abriera y yo corrí hasta la puerta, no sin antes tropezar con una doblez de la alfombra y casi estrellarme de cabeza contra el suelo. ¡Qué torpe! Por esto, cuando abrí, estaba colorada, una vez más, como un tomate. ¡Con lo mona que me había puesto! Había sacado del armario un vestido precioso, blanco, que me llega por las rodillas. Tal vez, un poco fresco para la época del año en la que estamos. ¡Pero para gustar hay que sufrir!
Adrián estaba muy guapo. Vestido totalmente con ropa vaquera azul. Me sonrió al verme y me dio dos besos, el segundo de ellos un pelín más largo. Luego su madre y su padre, que me saludaron con mucha efusividad. Qué simpáticos. Mis padres llegaron enseguida y los besos y abrazos se prolongaron. Los seis salimos al jardín.
¿Por qué siempre son los hombres los que preparan la paella de los domingos? Es una ley no escrita que se cumple una vez tras otra. Así que mi padre, Adrián y Arturo, su padre, se pusieron manos a la obra. Mientras, mi madre, Eva y yo nos encargamos del resto de cosas. Y entonces comenzó el bombardeo de preguntas. Parecía un concurso. Mi futura suegra preguntaba y yo respondía. ¿Cómo me iba en clase? ¿Qué quería estudiar cuando fuera mayor? ¿Qué pensaba de esto o de aquello?... y la pregunta clave. Llegó tras una sonrisilla maligna: ¿no hay ningún chico que te guste?
Mi madre y yo nos miramos antes de contestar. ¿Qué le decía yo a esta buena mujer? ¡Y delante de mi madre!
Dudé, tartamudeé y mentí: no. No había ningún chico que me gustara.
Creo que nadie me creyó. Además, mis mejillas me delataban. Pero al menos, en esta ocasión, me libré. El interrogatorio terminó porque los hombres nos llamaron: la comida estaba lista.
Me senté junto a Adrián. Era lo que llevaba esperando desde que llegaron. Había planteado inventarme cualquier excusa para que subiera a mi habitación. Pero hubiera sido gastar un cartucho demasiado pronto. Así que me aguanté las ganas de estar a solas con él. Teníamos que hablar. Pero aún no era el momento adecuado.
Es muy extraño estar al lado de la persona que te gusta y hacer como si nada. Nos rozamos un par de veces con los brazos y nuestras manos coincidieron por casualidad en la cestita de mimbre del pan. Fue un momento muy especial. Aunque parezca poca cosa, el simple contacto con sus dedos, me puso nerviosa y me provocó escalofríos. En ese instante, me entraron unas ganas enormes de besarle. Y creo que a él también le pasó. Pero nos contuvimos.
En la mitad de la comida descubrimos un nuevo método de contacto: por debajo de la mesa, con los pies. Hicimos “piececitos” un rato, hasta que le di sin querer una patada a su padre. ¡Que vergüenza! ¿Alguna vez se me curará el ser tan torpe? Creo que sé la respuesta. Por mi culpa, se nos cortó el rollo, aunque Adrián se estuvo riendo un buen rato.
A pesar de que es un chico bastante callado, y en ocasiones, excesivamente prudente y tímido, cuando sonríe se le ilumina la cara. Y si serio es guapo, riendo, es... perfecto.
Mis ganas de besarle aumentaban cada minuto y entonces ya no lo soporté más. Le propuse subir a mi habitación para que escuchara una canción que había descubierto hacía poco. Le hablé entusiasmada del “Solamente tú” de Pablo Alborán. Él accedió a subir a mi cuarto, pero cuando estábamos poniéndonos de pie, mi madre nos dijo que esperáramos, que el postre estaba listo: una mousse de limón que llevaba toda la mañana preparando.
Uff. Qué mala pata.
Le dije que no me apetecía pero insistió tanto que no nos quedó más remedio que quedarnos. ¡Vaya fastidio! ¡Yo quería otro postre!
Nos volvimos a sentar y aguardamos pacientes nuestro momento.
Aunque la mousse de limón estaba riquísima, deseaba con todas mis fuerzas que nos dieran permiso para levantarnos. Miré a mi madre a los ojos cuando me tomé el último trocito de postre y ésta hizo un gesto con la mano condescendiente. ¡Nos podíamos ir!
Casi agarro a Adrián por la mano, pero me controlé. Retiré la silla de la mesa con cuidado, me puse de pie despacio y sin mirar hacia atrás entré en la casa. Supuse que él vendría detrás de mí. Y así fue. Oía sus pasos cercanos. Hasta que llegó a mi altura y los dos caminamos hacia mi habitación.
Y de nuevo me puse nerviosa. Iba a estar a solas en mi cuarto con el chico que me gustaba. ¡Madre mía!
Afortunadamente, durante la mañana, previendo que podría pasar lo que estaba pasando, arreglé mi dormitorio. Todo estaba bien guardado y recogido. Incluso, olía a vainilla, gracias a una vela perfumada que encendí después de desayunar. El ambiente era ideal, pero yo estaba temblando. Y más cuando Adrián se sentó en mi cama. Sonrió, como él suele hacerlo y me invitó con la mano a que me sentara junto a él. Me hice un poco la remolona, pero terminé a su lado.
Sonriente, me preguntó por esa canción de la que le hablé. No sabía a qué se refería hasta que caí en la cuenta. Me incorporé y busqué en mi portátil el tema de Pablo Alborán. Play.
El piano sonaba y yo regresé a la cama con él. Sus ojos me miraban con dulzura. Me moría por besarle. El corazón me latía a mil por hora. Traté de disimular mi ansiedad y mi nerviosismo. Él parecía muy tranquilo. Como si estuviese acostumbrado a situaciones de ese tipo. Tomó la iniciativa y me puso una mano en la rodilla. Luego, se inclinó despacio y me acarició el pelo. Lo tenía muy cerca. Su rostro ya se encontraba a solo unos cuantos centímetros del mío. ¿Quería él ese beso tanto como yo?
Lo intuía. Lo sentía. Y lo experimenté. Sí, lo quería. Y fue muy bonito. Sentir de nuevo sus labios en los míos. Increíble. Me dejé llevar por sus besos, olvidándome de todo. No me importaba que mis padres estuviesen abajo con los suyos. Ni que fuéramos o no fuéramos novios. Solo me preocupaba una cosa: su boca, que danzaba con la mía en un baile continuo y preciso. Volaron los nervios, los miedos, la incertidumbre. Tenerle ahí, conmigo, era todo lo que pretendía. Lo que buscaba y había encontrado. ¿Magia? Sí era algo así como magia. Un sueño del que no quería despertar... pero del que desperté.
Un sonido, que me resultaba familiar, irrumpió en nuestra intimidad. Adrián tenía un mensaje en el móvil. ¡Qué oportuno!
Esto hizo que se detuviera aunque intenté persuadirlo para que se olvidara de él. Estábamos tan bien. Sin embargo, no tuve éxito en mis súplicas. Se disculpó y sacó su teléfono de uno de los bolsillo del pantalón. Resoplé al verlo leer aquel SMS. Como ayer, su expresión cambió. Y como ayer, me comentó que tenía que irse.
¡No! ¿Por qué?
No me dio explicaciones. Un último beso en la mejilla y adiós. Observé indignada como abría la puerta de mi habitación y se marchaba. ¡Qué rabia!
Estaba realmente enfadada. ¿Qué era tan importante para dejarme allí tirada? Cuánto misterio. Y no me gustaba nada.
Me levanté de la cama refunfuñando, apagué la música y bajé al jardín. Mis padres y los suyos seguían riendo y hablando de todo un poco. Yo ya no tenía ganas de reír. Me senté con ellos y aguanté impaciente a que Adrián se dignara a darme un buen motivo por el que se había marchado. Pero por más que miré mi móvil y revisé el ordenador durante toda la tarde, no recibí ni una sola respuesta.
¿Dónde se había metido este chico?

domingo, 1 de mayo de 2011

LOGROÑO: RUEDA, PRESENTACIÓN Y PARTIDO

Logroño

Dice Nuria que podríamos escribir un libro con todas las anécdotas que nos van pasando en nuestros numerosos viajes por toda España. Y no le falta razón. Sería un diario muy divertido y lleno de peculiaridades. Logroño estaría en lugar destacado. Y es que antes de llegar a la capital riojana... pinchamos.

Nunca viajamos en coche. Normalmente, vamos en tren, bus o avión. Y mira, para una vez que nos desplazamos en el Mercedes de Nuria, pinchazo antes de llegar a Haro. Una hora en medio de la carretera, a pleno sol y a esperar que nos socorrieran jaja. Simplemente, fue una anécdota más, aunque suspendimos la rueda de prensa que teníamos convocada para los medios de la región.

Solo había estado una vez allí, y tengo buenos recuerdos. Eran otros tiempos y yo empezaba con mis prácticas en periodismo.

Nada más llegar a la ciudad, como siempre corriendo a alguna parte. En esta ocasión a Onda Cero, donde Cecilia en La Hora nos entrevistó a Sara y a mí. Sara es la embajadora de Logroño. Una chica que se sale de la norma en cuanto a embajadoras CPP, ya que no es de letras! Estudia química y hace Kun Fú, así que no os metáis mucho con ella eh jaja. Fue un placer conocerte, Sara.

Luego registro en el hotel, muy bueno por cierto, comida (con José Antonio, comercial de la zona, un crack), mucho mejor aún y paseo por la ciudad.

Creo que me llevo el sol a donde voy. No puede ser. Con lo que me gusta el frío y que esté nublado. Pero a cada ciudad donde voy a firmar, nos hace sol y calor.

Y después de descansar un ratito en el hotel, me fui con Sara a la librería Santos Ochoa, donde teníamos la presentación.

Es un sitio curioso. No es una simple tienda de libros, sino que han añadido otros productos como DVD´s, imprenta, música y hasta tiene una cafetería y un salón de actos. El trato que nos dio José Ignacio e Iñaqui fue fenomenal. Y también la gente del ayuntamiento de Logroño que celebraba la semana juvenil.

Soy sincero: Tenía dudas de cuantas personas asistirían al evento. No había hecho nunca mucha promo en Internet en la Rioja y cuando nos dijeron que íbamos a tener una firma allí, temí que no hubiera muchas seguidoras. Sin embargo, todo fue genial.

Entre 40 y 50 chicas, porque de nuevo todo fueron chicas, excepto un muchacho que fue con su novia y una amiga. Asistieron a la firma.

Me lo pasé muy bien. Como siempre. Es que cada vez me siento más cómodo hablando en público y explicando la historia de cómo ha surgido esta preciosa aventura. Las chicas estuvieron muy participativas y yo intenté hacerlo lo mejor posible. Espero que todas se divirtieron.

Lección 1: hay una moda que es llevar una media subida y otra bajada que desconocía y que Silvia Respliguenfigjsjasjsa me ayudó a entender.

Lección 2: Si quieres hacer un buen moño, ponte un calcetín en la cabeza.

No me preguntéis.

A lo largo de estos meses, me he dado cuenta de lo preparada que están las chicas adolescentes. No solo las universitarias, que cada vez son más las que van a las firmas. Pero jovencitas entre 12 y 16 años están más puestas en todo y tienen más iniciativa de la que yo tenía a su edad. Pero con mucha diferencia. Tienen blogs, escriben relatos, gestionan páginas web... esto que puede parecer natural a gente muy joven, os aseguro que no lo es para los que ya tenemos unos añitos. Y da gusto conocer a chicas como las de Logroño que no solo se ve que están muy preparadas para cualquier cosa sino que se mostraron encantadoras en todo momento. Gracias a todas.

A las 21.30 terminamos.

Otra de las cosas positivas de esta increíble experiencia es la cantidad de librerías y gente que vive de los libros que estoy conociendo. Me gusta mucho ese mundo y cada vez más. Te enteras de historias sorprendentes. Y hablar con personas que disfrutan tanto con su profesión como José Ignacio, de Santos Ochoa, es un aliciente más para dar como muy bueno este nuevo viaje.

En un pub, cenamos y vimos la segunda parte del Madrid-Barcelona de Champion... en esto no entraré. Al menos, en este capítulo.

Próxima parada... Granada!

lunes, 25 de abril de 2011

AMOR A LOS 14. CAPÍTULO 6

Las consecuencias del beso que me dio Adrián fueron inmediatas. Alicia se acercó hasta mí y me preguntó que qué clase de amiga era. Me acusó de traidora y de muchas cosas más. No se podía creer que hubiera besado al chico que le gustaba justo el día en el que iba a declararse. Yo la miraba, pero no sabía que decirle. Intentaba explicarle que aquello no había sido cosa mía, pero solo me salían palabras sueltas y sin sentido. Tartamudeaba nerviosa. Empecé a notar como mis ojos volvían a humedecerse. ¡La presión del momento me estaba superando!
Adrián tampoco decía nada. Aguantaba como podía los constantes insultos de Pablo y observaba con cierta tristeza la bronca que mi amiga me estaba echando. Para él tampoco fue sencillo. Sin embargo, cuando más tensa estaba la situación, hizo algo que ninguno esperábamos. Cogió de un brazo a Alicia, la miró a los ojos fijamente y le confesó que a ella solo la quería como amiga. Lo sentía mucho, pero la que realmente le gustaba era yo. Fueron solo unos cuantos segundos pero se hicieron eternos. Cada palabra era una sentencia. Cuando el chico terminó de hablar, los cuatro nos quedamos en silencio. La gente caminaba a nuestro lado en el centro de la ciudad y nos observaba curiosa.
Pablo fue el primero en reaccionar. Dio una patada a una piedrecita que había en la acera, se dio la vuelta y se marchó silbando con las manos dentro de los bolsillos del pantalón. Le entendí un “tú te lo pierdes” y reconocí en su comportamiento al chico de las últimas semanas. Para él, todo aquello había sido un juego. No me quería, solo pretendía pasar un buen rato conmigo de vez en cuando. Y quizá si no lo hubiera pillado liándose con Susana en el cine, no me hubiera dado cuenta nunca. En ocasiones, las casualidades son las que marcan tu futuro. No sabes el motivo, ni por qué pasan, pero de buenas a primeras chocas con algo de improvisto y lo que en un minuto era de una manera al siguiente lo es de otra. Así de caprichoso es el destino. Y aunque me dolió verlo con la tía más buena de mi clase, más me hubiera dolido darle una oportunidad y enterarme luego de que, en realidad, no había cambiado.
Cuando mi ex novio se fue, Alicia se dirigió cabizbaja hasta un banco. Se sentó y se puso las manos en la barbilla. Pensativa. Me daba miedo sentarme con ella, pero Adrián me hizo un gesto cómplice y acudí con él a su lado. No nos miró. Balbuceaba frases ininteligibles en voz baja y movía de un lado para otro la cabeza. En ese instante, ¿que se suponía que debía hacer? ¿La abrazaba y le pedía perdón por lo que había hecho? ¿O me quedaba callada esperando que reaccionara?
Al verla así, comencé a arrepentirme un poco del beso a Adrián. Sí, había sido él quien se había lanzado, pero yo le seguí. No me aparté y también lo besé a él. Me gustó. Me gustó mucho que me besara de esa forma. Y me sentí bien. Arropada, protegida, incluso querida. Pero Alicia estaba tan mal...
Una vez más, fue Adrián el primero en actuar. Le insistió a mi amiga con dulzura que le mirase. Ella al final accedió sin ningún entusiasmo. Estaba muy seria. Pero él sonrió y le expuso sus verdaderos sentimientos. Me sorprendió su tranquilidad al hablar. Comenzó diciéndole que era una chica estupenda, un sueño para cualquiera, pero que él solo la veía como una gran amiga. Le dijo tantas cosas bonitas que casi me puse celosa. Yo callaba y escuchaba. Asentía con la cabeza a todo cuanto Adrián afirmaba de Alicia. Me seguía resultando difícil mirar a los ojos a mi amiga que resoplaba una y otra vez. Finalmente, los dos sonrieron por una broma que él le gastó. Y se fundieron en un abrazo. Luego Ali me abrazó a mí. Alcancé a ver lágrimas en su rostro. Me dio muchísima pena. Es muy duro que te rechacen. Yo lo sé bien. El desamor es una de las peores cosas que existen en la vida. Tú pones todo de tu parte y te entregas por otra persona. Tu corazón se descontrola y no puedes hacer nada por evitarlo. Pero si esa persona no siente lo mismo que tú, el mundo se te cae. Todo se derrumba. Es tal la sensación de angustia que apenas te deja respirar. Y se forman esos nudos tan famosos en la garganta y en el estómago.
Pobre Alicia.
Los tres nos pusimos de pie. Caminamos unos minutos por el centro en silencio. No había mucho más que decir. Aún era temprano para irnos a casa, pero mi amiga no tenía ganas de nada más. Aunque intenté convencerla de que se quedase, no quiso. Para ella la tarde y la ilusión habían terminado. Se despidió de nosotros y después de una sonrisa triste se marchó. Creo que una vez que sabía que no tenía nada que hacer con Adrián, prefería llorar y desahogarse sola en su habitación. Me sabía muy mal verla así y no acompañarla, pero en ese momento lo mejor para ella era que no la agobiara.
Y entonces, mientras se alejaba, caí en algo: ¡Estaba a solas con Adrián!
Sí, era algo obvio, pero no me había dado cuenta de lo que eso significaba. Me puse muy nerviosa. Me temblaban las piernas. ¡Y más cuando me cogió de la mano!
Todo era como una especie de sueño extraño. Caminaba cogida de la mano del chico que le gustaba a mi amiga, al que hacía pocos minutos había besado, después de ver a mi ex liándose con otra. ¿Seguro que no era un sueño?
No, no lo era. Y si lo era me desperté de golpe cuando Adrián me preguntó si me podía besar de nuevo. Estábamos al lado de una fuente en una plaza llena de gente, aunque lo que más se escuchaba era el sonido del agua cayendo con fuerza contra el fondo repleto de monedas. Yo, sin embargo, lo único que oía eran los latidos de mi corazón.
No sé si le llegué a responderle, pero no hizo falta. Quería que me besara y me besó. Las gotitas de agua que salpicaban de la fuente mojaban mi pelo y mi cara, pero eso no era lo que más escalofríos me provocó. Sus labios en mis labios, sus manos en mi cintura, su cuerpo tan cerca del mío... Uff.
En el beso, abrí los ojos un instante. Él mantenía los suyos cerrados. Es una sensación tan increíble ver al chico al que besas entregado a ti... Y me sentí feliz. Muy feliz. En ese momento, no pensaba en Alicia, ni en Pablo. En nadie. En nada. Solo disfrutaba de él. De ese chico tímido, atractivo, inteligente. El mismo que llevaba una semana casi sin hablarme, que me había comparado con su ex novia y que había despertado en mí un sentimiento que hasta entonces no había conseguido descifrar.
¿Estaba enamorada de él? Difícil pregunta con difícil respuesta. Lo estaba pensando mientras su boca y la mía continuaban unidas hasta que, de repente, uno de los chorros de la fuente se volvió loco y apuntó directamente hacia nosotros. Yo grité y salí corriendo, agarrando a Adrián de la mano. Pero ya era tarde. Estábamos empapados de agua.
Nos quitamos los abrigos, completamente mojados. Y pese al frío, nos reímos hablando de lo que acababa de pasar. Un nuevo beso. Éste más cortito. Y más sonrisas.
Me sentía como si fuese la protagonista de una película de estas romanticonas.
Sin embargo, algo sucedió que rompió la magia del momento.
Adrián metió la mano en uno de los bolsillos de su abrigo y cogió su móvil para comprobar que no se había mojado. Me dijo que tenía un mensaje. Lo abrió y su cara cambió completamente al leerlo. No me reveló de quien era, ni lo que ponía, pero me dijo que tenía que irse ya, que se había hecho muy tarde. Fue muy raro.
Como vivimos uno al lado del otro, me acompañó a casa. Aunque fuimos de la mano, estaba como ausente. No hablamos mucho y empecé a preocuparme. ¿Qué decía ese SMS para que aquel chico cambiara tanto?
No quería separarme de él. ¡Me daba miedo que al día siguiente las cosas no fueran de la misma manera! Pero no podía hacer nada. ¡Maldito mensaje!
En la puerta de mi casa, Adrián se serenó de nuevo y regresó el chico sensible y tranquilo de siempre. Me dijo que lo había pasado genial y que le gustaba. Que le gustaba muchísimo. Me puse muy colorada y esta vez fui yo la que se lanzó. Le rodeé el cuello con mis brazos y lo besé intensamente. Fueron unos segundos preciosos que me dejaron un gran sabor de boca.
Lo peor fue verlo alejarse hasta su casa. Me miró una última vez y se dio la vuelta para ya no girarse más. Entré en mi casa y cerré tras suspirar varias veces.
Ese ha sido mi sábado.
La luna sigue presidiendo la noche con toda su magnitud. Está preciosa. Y hay cientos estrellas que la escoltan.
No sé si estoy enamorada. Mis sentimientos ahora son muy fuertes, pero me da miedo sentir más. ¿Debo ser más precavida? ¿Estará enamorado de mí o solo le gusto un poco? Adrián no es como Pablo, pero tampoco sé si debo arriesgarme con él. ¿Y si me llevo otro palo? No quiero pasarlo mal por amor otra vez. No lo soportaría después de lo que mi ex me ha hecho.
Creo que por esta noche no le daré más vueltas a la cabeza, aunque sé que será muy difícil no pensar en todo lo que ha pasado hoy. Me costará dormir. Pero si lo consigo y sueño, espero encontrarme con Adrián y que me trate y que me bese como lo ha hecho en la realidad.


¿Se harán novios Laura y Adrián?
¿Cómo afectará lo que ha pasado entre ellos a la relación con Alicia?
¿Qué decía y quien le ha enviado el SMS al chico?
¿Se ha rendido Pablo definitivamente?

domingo, 24 de abril de 2011

ESE DÍA TAN INCREÍBLE QUE ES SANT JORDI...

¿Quién dijo que las segundas partes nunca fueron buenas?

Para mí, este Sant Jordi ha sido igual o mejor que el del año pasado. Sí, es cierto que en el 2010 no sabía nada de este día, que era tan extraordinario, y que me pilló todo por sorpresa. Pero en el 2011, he firmado muchos más libros, he notado el mismo cariño de la gente y la experiencia ha vuelto a ser más que positiva.

Mi jornada comenzó a las cinco de la mañana cuando me desperté para organizarlo todo. Tenía que coger el tren de las 7.30. Llovía a mares en Madrid, las mangas de la chaqueta se me mojaban y arrugaban y el taxi daba unos botes que pensaba que nos quedaríamos tirados en cualquier semáforo. Afortunadamente, llegué temprano a Atocha y pude tomar con tranquilidad el AVE rumbo a Barcelona.

Y primera sorpresa del día: mismo vagón que Javier Ruescas. Qué casualidad. Todos conoceréis a Javier y si no, yo os lo presento. Es el joven escritor que arrasa en el público juvenil con sus “Cuentos de Bereth” y “Tempus Fugit”. Solo nos habíamos visto en persona una vez, un “hola y adiós”, pero desde que comencé en esto ha estado muy presente en mi facebook, twitter, en las listas de ventas, seguidores, amigos en común... Y la verdad es que es un tío muy agradable y con el que se puede mantener una conversación de tres horas y cuarto sin aburrirte. Nos contamos un poco nuestras vidas, nuestra forma de escribir y nuestro futuro cercano. No doy exclusivas. La conclusión: me queda mucho que aprender jaja. Javier tiene más tablas en este mundo que yo y me parece una buena referencia a la hora de hacer las cosas. Seguiremos en contacto.

Barcelona nos acogió con nubes y claros y previsiones de lluvia durante todo el día. Pero el Santo Jordi se puso de nuestra parte y no cayó ni una sola gota en toda la mañana y hasta salió el sol e hizo calor por la tarde. Fracaso rotundo de los hombres del tiempo que no han dado una en el fin de semana.

¿Os he dicho ya lo especial que es el 23 de abril en la ciudad condal? Si te gustan los libros, la literatura... o algo que se le parezca, no puedes irte de este mundo sin haber estado al menos una vez en el Sant Jordi barcelonés. Las calles se engalanan de rosas y de coloridas paradas llenas de novelas, diccionarios, manuales, cuentos... es una verdadera pasada. Y de gente. Miles de personas por las calles. Incluso, este año que caía en Sábado Santo todo estaba hasta arriba.

Mi primera firma era en Abacus, pero no en el que estuve el año pasado. Este me lo organizaron en L´Illa, un centro comercial bastante grande. Y ahí firmé mis primeros libros. Fue una hora que se hizo muy corta, porque aunque estaba solo en la parada, no paré de firmar. Ahora tengo que dedicar dos libros, por lo que tardo más. No voy a nombrar a todo el mundo, es imposible y necesitaría mejor memoria y quince páginas. Perdonadme, por favor, fuisteis muchísimos y os estoy agradecidos a todos por igual. Millones de gracias por hacerme sentir especial una vez más. Pero sí me gustaría hablar de algunos de vosotros de los que ayer vinisteis. Por ejemplo, de Rocío, una de las grandes seguidoras de CPP que me sigue desde hace mucho en Facebook y a quien le tengo mucho cariño. Fue con su chico y vi como se emocionaba mucho. Me alegro de haberte visto y seguiremos hablando cuando quieras por las redes sociales.

Allí me vinieron a ver Aida, Ainhoa, Andrea... También conocí a la seguidora más pequeña del día, que curiosamente fue a la primera que firmé. Aina solo tiene once años y ya ha leído CPP. Sus padres, encantadores.

Aquí quiero hacer un pequeño inciso. Y es para dar las gracias a toooooodos los padres y especialmente, a las madres, que acompañan a sus hij@s a las firmas. Aguantan colas, les compran los libros, incluso los leen... hablan conmigo, hacen las fotos... aunque los seguidores de CPP suelen ser chicos entre doce y veintitantos años, las madres y los padres son una parte fundamental de esta historia. Así que mi gratitud a todos ellos y en esta ocasión en particular a los que vinieron a mis firmas en Sant Jordi.

Después, me tocó firmar en la FNAC de L´illa, que estaba prácticamente al lado. Hubo más o menos la misma gente que en Abacus y me sentí muy cómodo todo el rato. Muchas fotos y más firmas. Ni recuerdo exactamente quienes fueron mis compañeros de mesa. Sí que recuerdo a un grupito de chicas muy majas. Incluso hablé con una por teléfono para decirle que sus amigas estaban conmigo. Gracias a todas! También apareció por allí Estela de Atalaya Literaria y Jenni. Y creo que Neus, Ester e Inés, aunque no recuerdo bien si a ellas las vi ahí o en Abacus. La memoria me falla después de un día tan largo y en el que vi a tanta gente. Vuelvo a pedir disculpas si no os nombro o si me equivoco de sitio jaja.

A las 14.00 terminó la firma en FNAC.

Everest me dejó tres horas libre hasta la próxima parada. Gracias a Martí Romaní, especialmente a ti por todo tu esfuerzo y dedicación, y a todos los comerciales por como me tratasteis. Y en ese tiempo tuve dos cosas importantes que hacer.

La primera, una entrevista para el Desván Encantado de los libros con Teresa. Ella, ¿su chico? Y yo nos fuimos a tomar una Coca Cola y a hablar un poco de todo. Y al final la entrevista, se convirtió más en una entretenida charla e interesante intercambio de opiniones. Tengo ganas de leer tu entrevista, Teresa.

Comí rápidamente y me fui a hacer otra de las cosas con las que debía cumplir al medio día: la escritora Care Santos propuso en su facebook que los autores hiciéramos un bookcrossing con nuestros libros. Y me pareció una gran idea. Es algo parecido a lo que hace Álex en “Canciones para Paula”. Así que dejé mi ejemplar de “¿Sabes que te quiero?” dedicado en un lugar de la ciudad. Vale, lo cuento para los cotillas: en un banco de madera de un parquecito detrás del centro comercial de L´illa.

El plan que tenía para las cuatro no salió y así tranquilamente, me fui caminando hasta el Corte Inglés de Francesc Maciá. Allí fue donde menos gente hubo. Fue divertido estar en la misma mesa con Elisenda Roca o Josef Ajram, que no tenía ni idea de quien era hasta ayer. Fue el que más firmó y más fotos se hizo de todos nosotros. El tiempo se hizo más ameno gracias a Aroa y su hermana, que se pasaron por allí de casualidad para una firma a las 18.00. Gracias a ambas por todo.

Y del Corte Inglés... a FNAC Triangle en coche con Javier Hernández. Y aquello sí que fue una verdadera locura. Cuando llegué no vi a nadie. Todo el mundo estaba detrás de un cordón de seguridad. Ni me dejaban pasar a mí. Pero cuando me senté, empezaron a hacer cola chicas y chicas y más chicas, algunas con sus madres, claro. Fueron tantas que no pude firmarles a todas!! Así que los de la organización mandaron a muchas para mi siguiente parada que era en la librería Catalonia. Quiero pedir disculpas si alguna lo pasó mal, no pudo llevarse el libro firmado o se molestó. No fue culpa de nadie, pero me sentí un poco mal por todo. Intenté firmar lo más deprisa posible, pero es que no dio tiempo a más.

En FNAC Triangle conocí a María Muñoz, a quien regalé un libro como le había prometido. Me encantó conocerte. Una pena que Laura no pudiera venir. Fue un placer estar también con Àngela, con Vane, con Carme (siento no haber escrito bien tu nombre!!), con Wendy, con Laia... ver a Paula de nuevo!, con Sandra, con Julia, con Mandy, con Cristina... y con todas las demás. Unas cincuenta o sesenta que estuvisteis allí. Vuelvo a pedir perdón por no poner a todas.

Allí también vi aunque menos tiempo del que quisiera a Anabel Botella, mil gracias por acercarte a saludarme, a las hermanas Grimaldi (Ya os vale venir tan tarde!!!:P) y a las chicas del centro para el que trabaja Esther Reales. Os debo una visita en exclusiva para vosotras. Sabéis que para lo que necesitéis, podéis contar conmigo y en cuanto queráis hacemos esa entrevista vía email, facebook, chat... lo que queráis. Un beso a todas.

Y corriendo desde allí volamos a Librería Catalonia. Había ya mucha gente allí. Las que me estaban esperando y... las personas que hacían cola para estar con Risto Mejide xD. No me dio tiempo ni a saludarlo y eso que me senté a su lado. Fue tan precipitado todo. Tantas firmas, fotos... oía de fondo lo que decía. Como le entrevistaba la tele o como intentaban ligar con él varias de las que fueron a verle. Es un personaje que a mí nunca me ha caído mal. Me parece un tío muy listo. Y ahora me cae mejor después de su frase al marcharse. Risto se levantó, me tocó el hombro, me dio la mano y me dijo: “Enhorabuena. No esperaba que nadie firmara más libros que yo. Felicidades por tu éxito”. Fue genial! No supe que decir, en parte porque estaba en blanco y colapsado por todo el día, el cansancio, tantas y tantas firmas, fotos, ir de un sitio para otro... pero cuando llegué a casa le escribí en twitter y él me respondió. Si queréis saber lo que nos dijimos buscadlo en mi twitter (@franciscodpaula).

Catalonia estuvo genial. Allí estuvieron Amada, Rosa Por fin conocí a Elenita!! Una de las clásicas de CPP y una persona entrañable en toda esta aventura. Y también a Sara, a la que reconocí, aunque ella no se lo esperara xD. Y finalmente, vinieron Demi y una amiga suya. Con ellas estuve los últimos minutos de la firma, más tranquilos, y con ellas me fui en metro hasta la estación de Sants donde tenía que coger el tren de vuelta a Madrid.

A las doce y media llegué a mi casa donde me encontré todas mis páginas colapsadas de mensajes, comentarios, fotos, peticiones de amistad...



Hoy todavía sigo cansado, aunque me desperté a las nueve y sigo haciendo cosas de CPP. Respondiendo, mandando mensajes, escribiendo, pasando fotos... pero es muy divertido y quiero repetir todos los años que sea posible.

Sant Jordi es especial y vivirlo en Barcelona es todo un lujo para mí.

Gracias a todos los que habéis colaborado para haberlo hecho posible un año más.



Próxima parada: Logroño!

lunes, 11 de abril de 2011

AMOR A LOS 14. CAPÍTULO 5

La luna luce preciosa esta noche. El cielo está totalmente despejado y las estrellas brillan más que nunca. O esa es la impresión que yo tengo. Pero hoy no soy demasiado objetiva. Aunque hace frío, no sopla el viento helado que hemos sufrido a lo largo de este invierno. Es una noche para enamorados y para enamorarse.
Y yo... ¿Estoy enamorada?
¡Que sábado más extraño! Y ha terminado de la manera más inesperada que podía imaginar. ¡Ha sido... ¡ No me salen las palabras para describir mis sentimientos y sensaciones. ¡Son tantas y tan distintas!
Pero comenzaré por el principio.
Tras pasarme unos días encerrada en casa por el castigo que mis padres me habían puesto después de que mi profe me pillara besando a Pablo, me apetecía salir. Tenía muchas ganas de ir al centro, ver una peli en el cine y comerme una hamburguesa de esas enormes con patatas para cenar. No soy de las que hace esto muy a menudo, pero hoy me ha tentado la propuesta de Alicia. A medio día, mi amiga me llamó al móvil y me dijo que qué me parecía una tarde juntas. Me iba a negar, pero me sorprendí a mí misma contestándole que aceptaba y preguntándole lugar y hora.
¿Las dos solas? Sí. O al menos, eso fue lo que me hizo creer.
Sin embargo, cuando llegué al sitio en el que habíamos quedado, al que encontré esperando fue a Adrián. Intenté disimular mi sorpresa, aunque no sé si lo conseguí. Lo saludé y él me respondió con frialdad. Apenas cruzamos cuatro palabras. Seguía molesto conmigo, como durante toda la semana. Desde que ocurrió lo de Pablo, ha mostrado esa actitud. Pero... ¿qué hacía él allí? ¿íbamos a salir juntos? Enseguida, obtuve una respuesta afirmativa, porque Alicia apareció inmediatamente gritando. Haciéndose notar, como siempre. Nos dio dos besos a cada uno y se puso a hablar como una loca, a decir lo bien que nos lo pasaríamos los tres esa tarde. No paraba ni un segundo. Se le notaba nerviosa y más tarde descubriría el por qué.
Comenzamos a caminar por el centro. Nos detuvimos en numerosas tiendas en rebajas y escaparates llenos de prendas a mitad de precio. Aspiramos el olor a gofres y a castañas asadas. Vimos a muchísima gente caminando sin prisas y más arreglada que en un día normal. Así es un sábado por la tarde en la gran ciudad. Ambiente ideal para desconectar de la rutina y olvidar los malos tragos de la semana. Sin embargo, yo no estaba cómoda. La situación no era la más agradable para mí, ya que Adrián y Alicia conversaban entre ellos y me dejaban un poco de lado. ¿Habría algo entre los dos? Según él, la última vez que hablamos, ella era solo una amiga y no le gustaba de otra forma. Pero por lo que estaba viendo en ese instante, parecían más compenetrados y cercanos el uno con el otro. ¿Había cambiado de opinión? Los tíos son así. No hay quien los entienda. Aunque nosotras también tenemos lo nuestro. Si no, como explicar aquellos celos que me estaban invadiendo por dentro. No soportaba tanta risita y tanta complicidad entre ellos. Quería salir para pasármelo bien con mi amiga, no para sujetarle los candelabros.
Llevada por un impulso incontenible, agarré a Alicia por la mano y salí corriendo con ella hacia el cine al que íbamos a ir en el final de la calle. “¡Tú compra las palomitas!” le grité a Adrián, que se quedó inmóvil, sorprendido por mi reacción.
Creo que ninguno de los dos se dio cuenta de por qué hice eso. Aparentemente, fue un gesto infantil y divertido. Pero la realidad era muy distinta. Me seguía gustando Adrián. Y verlo tan cariñoso y atento con mi amiga me fastidiaba. El problema era que hacía dos horas había hablado por el MSN con Pablo. Y mis sensaciones con cada una de sus palabras eran las mismas. Estuvimos charlando de todo un poco, riéndonos, intercambiando iconos... En la soledad de mi habitación, sonreía, suspiraba y me convencía a mí misma de que Pablo había cambiado. Tal vez, lo nuestro solo había sido un descanso. Una pausa de esas que hacen algunas parejas para aclarar lo que sienten de verdad. Sin embargo, ¡Adrián también me gustaba!
Entonces, ¿a cuál de los dos prefería?
Sabía que me estaba comportando como una cría, pero era incapaz de aclararme. Aunque lo más curioso de todo es que no estaba ni con uno ni con otro.
En la cola para comprar las entradas, Alicia me hizo una confesión. Cambió su actitud habitual y tímidamente, casi me susurró el motivo de aquella cita para tres: se iba a declarar a Adrián y quería que yo le echara una mano. Me quedé con la boca abierta. Según me contó, había tenido sus dudas, porque no estaba segura de los sentimientos del chico hacia mí. Aquel corazón con la “L” dibujada en su cuaderno que vimos antes de Navidad aún le hacía sospechar. Pero después de que se besaran en la juguetería y de que yo me liara con Pablo, con el que creía que formaba una muy buena pareja, decidió contar conmigo para intentar conquistar el corazón de Adrián. Y que mejor que salir los tres juntos un sábado por la tarde. Me sentía utilizada. Mi amiga solo me había llamado para que le ayudara a ligarse a un tío, que curiosamente, también me gustaba a mí. Uff. Le pregunté que por qué aquello no lo hacía ella solita, que era ya mayor y que yo allí no pintaba nada. Quizá fui un poco borde, pero es que estaba furiosa. Alicia se puso muy seria y me pidió perdón. Mientras pagábamos las entradas, me explicó que no sabía cómo actuar con él y que tenía miedo de que si yo no iba, Adrián se hubiera negado a ir con ella sola.
Resoplé. La entendía. Aunque no por eso dejaba de estar molesta. Sin embargo, traté de serenarme y le di un abrazo. Casi se pone a llorar y una vez más me pidió disculpas. Pobrecilla. Me daba pena verla así. Alicia es mi mejor amiga y aunque a veces haga cosas con las que no estoy de acuerdo, la quiero mucho. Un tío no debía ser un obstáculo entre ambas. Sin embargo, aquel chico nuevo en la ciudad, había logrado crear, sin quererlo, un conflicto tras otro entre las dos.
Adrián llegó poco después cargado con tres grandes bolsas de palomitas. Me fijé bien en él. ¿Qué tenía para gustarnos tanto a Alicia y a mí hasta el punto de habernos enfrentado? Cruzamos miradas y sentí un escalofrío. Sonrió y yo como una tonta, le sonreí. ¿Era una señal de paz?
La sala del cine estaba ya a oscuras cuando entramos. La película no había empezado pero sí los trailers previos. Nuestra fila era la úndecima. Adrián se sentó en la butaca del centro y nosotras, cada una a un lado. Alicia a su izquierda y yo a la derecha. Entonces se me pasó por la cabeza algo. ¿Y si mi amiga decidía que aquel era el momento para lanzarse? No lo creía posible, pero rezaba para que no se liaran delante de mí.
No presté atención al principio de la película. Solo escuchaba el ruido de las palomitas y el sorbo de los refrescos. Estaba muy tensa y me negaba a mirar hacia mi izquierda, aunque me moría de curiosidad por saber si Alicia había dado un paso adelante, cogiéndole la mano o apoyando la cabeza en su hombro. Si eso era así, lo siguiente podrían ser besos.
¡Me estaba volviendo loca! Así que cerré y abrí los ojos un par de veces con fuerza, suspiré e intenté concentrarme en la pantalla. Lo logré durante unos minutos hasta que...
La sala permanecía en silencio, salvo por una parejita que se besuqueaba cinco filas delante de nosotros. Eran besos demasiado escandalosos. Además, a ella se le escapaba alguna que otra risa bastante imprudente. No me había dado cuenta hasta entonces, pero aquella chica me resultaba familiar. De repente, se giró porque alguien le estaba llamando la atención y la vi. ¡Susana! ¡Qué coincidencia! Pero la casualidad no acababa ahí. Mi sorpresa fue aún mayor cuando el chico con el que estaba también se dio la vuelta y observé que con el que se estaba liando la tía más buena de mi clase era... Pablo.
No pude contenerme. Me levanté de mi asiento y bajé hasta la fila siete. Ellos no me vieron hasta que puse una mano en el hombro de mi ex novio para llamar su atención. Pablo me miró estupefacto y sin que le diera tiempo a decir nada, recibió un gran tortazo en plena cara acompañado de un insulto. Me hice daño en la mano, pero más dañado tenía el corazón.
Salí corriendo. Quería huir de allí. Me sentía engañada y humillada. Sin decir nada a mis amigos me marché del cine. Las lágrimas bañaban mis ojos y mis mejillas. Estaba tan enfadada que no me percaté de que el semáforo estaba en rojo. Iba a cruzar, pero una mano me agarró con fuerza por la camiseta y tiró de mí hacia la acera.
Cuando me di cuenta estaba cautiva en los brazos de Adrián que me miraba con dulzura. ¡Me quedé hipnotizada! No podía separar mis ojos de los suyos. Y sin pronunciar ni una sola palabra, apoyé mi cabeza en su pecho y descargué toda mi rabia en un llanto amargo y profundo. Lloré y lloré, hasta que mi amigo me sujetó delicadamente la barbilla, alzó mi cabeza hacia el frente y me besó con pasión en los labios.
Todo eso, delante de Pablo y de Alicia que también habían salido en mi busca.