No me suelo meter en estas cosas, pero me apetecía hacer una reflexión en voz alta de algo que realmente me está preocupando.
Llevamos unos días con el país revolucionado. Unos meses quizá. Tal vez, unos años. La crisis es la culpable. Escucho hablar del sistema, de los políticos, de mil cosas, en las que todos nos creemos expertos y tenemos opinión fiabilísima.
España es un país crítico por excelencia. Nada nos vale, esté quien esté. Pase lo que pase siempre habrá algo que criticar, que decir, que valorar. ¿Esto es bueno porque indica que el pueblo no se conforma y se mueve o es malo porque nunca estamos de acuerdo con nada? Ni idea. Simplemente, veo una situación, en la que unos te dicen una cosa y otros otra. Pero realmente, cada persona, cada grupo, cada movimiento, mira sus intereses. Y, ¿quién lleva razón? Todos y ninguno.
Vosotros, la mayoría que me leeis, sois gente joven. No os dejéis llevar por nadie. Creed en vuestras ideas, en vuestra capacidad, en vuestra realidad. Investigad, mirad, comprobad. Nunca deis por bueno algo que no habéis visto y nunca creáis que lo que os dicen es la verdad absoluta de las cosas.
Ni medios de comunicación, ni representantes de gobierno, oposición, grupos alternativos, redes sociales, actores, escritores, movimientos de masa... nadie tiene la verdad de las cosas. Solo tú mismo. Tú eres quien debe averiguar la verdad y seguir el camino que tú creas.
Intentarán convencerte y podrás ser convencido. Pero siempre bajo tu deseo y tras saber qué y por qué has llegado a ese punto.
miércoles, 18 de mayo de 2011
martes, 17 de mayo de 2011
ALMERÍA-GRANADA, COMIENZA LA GIRA CPP POR ANDALUCÍA
Tenía ganas de volver a viajar, de firmar, de hablar de los libros... y eso que solo hacía dos semanas que estuve en Logroño! Pero esta parte de la gira CPP comprende Andalucía y me seduce especialmente.
Almería y Granada han sido las primeras.
El viernes 13 de mayo, estaba en el aeropuerto tres horas antes de que saliera mi vuelo. ¿Motivos? Me tenía que ir solo a Granada y soy un desastre. Así, al menos, me aseguraba no perder el avión. Y no fue tan difícil. La T4 es enorme y presenta algún que otro problemilla de información. Pero entre unas cosas y otras, conseguí sacar mi tarjeta de embarque, comer, y acertar con el pasillo que me llevaba hasta la puerta correcta. ¡Bien! Soy torpe, pero no tanto. Por lo menos esta vez. La cosa no iba mal. Único inconveniente: 50 minutos de retraso en el despegue.
Llegué a Granada a las 18.00.
Taxi, hotel y para la feria del libro. No me tocaba firmar hasta el día siguiente, pero me apetecía mucho conocer a una persona que ha vivido paralelo a mí, o yo paralelo a él, durante este año y medio de Canciones para Paula: el gran escritor granadino Antonio Martín Morales compañero en Everest, autor de la saga, que recomiendo encarecidamente, “La Horda del diablo”. Antonio es un tipo increíble. Inteligente, locuaz, simpático, gracioso... y su mujer Zhined (creo que se escribe así), otro encanto de persona. Mientras él firmaba libros, yo hablaba con Nuria, Miguel (es el director comercial de Everest en Andalucía del que ya he hablado otras veces) y con Charly, el otro gran descubrimiento para mí en este viaje. Qué gran persona! Él es el comercial de Granada con el que me lo pasé fenomenal estos tres días. Me trató fenomenal y pasamos unos ratos buenísimos.
Cuando Antonio acabó, y tras paso breve por el hotel, nos marchamos los seis a cenar. Tapas granadinas y Coca Cola Ligth. Y luego... a bailar salsa!!! No os asustéis, yo no bailé nada. Si hay algo para lo que no he nacido es para bailar. Así que dejé paso a los profesionales. Cómo bailan Antonio y Zhined! Merengue, bachata, cumbia... todo. Me quedé con la boca abierta.
No nos fuimos muy tarde porque al día siguiente teníamos viaje a las 9.30.
Y así fue, después de un buen desayuno en el María Cristina, Nuria, Miguel, Charly y yo nos fuimos en coche hacia Almería. El trayecto fue divertidísimo y el de la vuelta aún más. Hablamos sobre todo de música. Y entre temas de el Boss y canciones de los ochenta se nos pasó volando las casi dos horas de camino.
La feria del libro de Almería, LILEC, es pequeña pero acogedora, en plena rambla.
Comencé haciendo un encuentro digital para lectores y luego la firma a las 13.00. Fue todo muy bien. Una hora sin parar de firmar y de hacerme fotos con todas las chic@s que vinieron y a la que doy las gracias. Fue bonito ver como en una ciudad donde todavía no habíamos estado, las seguidoras se vuelcan con CPP. Por allí pasó Canal Sur, el Ideal...
Luego, gran comida en un restaurante de la ciudad. Comí el típico tomate verde dulce de Almería, unas puntillitas (allí chipirones) y una lasagna de rape y verdura... increíble! Qué bien se come en España. En cualquier parte.
Y camino de vuelta en coche hacia Granada al ritmo de Siempre Así y Mártires del Compás, pese a las quejas de Charly, jaja.
La firma de Granada estuvo genial. No decepcionó. Estuvo a la altura y cumplió mis expectativas. Tenía muchas ganas de ir, ya que hacía tiempo que no iba y es de mis ciudades favoritas.
Primero estuvimos en el centro de exposiciones de CajaGranada, hablando del libro. Allí conocí a la embajadora de Granada, Marina. Ella es el ejemplo que la juventud es más de lo que muchas veces se dice. Una persona encantadora, humilde, muy lista y que lee todo lo que puede. Y solo tiene catorce años. Conoce a todos los autores y libros juveniles del momento. Y profesa por ellos una admiración extraordinaria. Ojalá volvamos a encontrarnos, porque nos caíste a todos fenomenal, Marina.
También estaba Tania, la segunda embajadora. Ella quedó segunda en las votaciones del concurso, pero como había obtenido tantos votos, compartió parte del evento con nosotros. Y se portó fenomenal, ayudándonos en todo. Ya la conocía porque ella es administradora del blog “our never land” e incluso habíamos hablado por teléfono para una entrevista. Gracias a ambas por todo.
En la firma conocí personalmente a Sofía Hinojo, una de las primeras chicas que apareció en este mundo CPP, allá en los tiempos del Fotolog, y a Carmen Heredia, sin duda, la chica que más veces me ha preguntado que cuándo iba a ir a Granada a firmar libros. Carmen eres una crack y tu padre igual!!! También a Natalia del blog “Arte-Literario”, a la que me hizo mucha ilusión encontrar (cuando vea a Vicky la saludaré de tu parte) A otras muchas seguidoras les puse cara por fin después de hablar con ellas a través de las redes sociales.
Tras una Coca Cola con las embajadoras, la prima de Marina, Charly y un matrimonio dueño de una librería en Granada, Nuria y yo nos fuimos al hotel muy cansados. Un bocadillo de jamón con tomate para cenar y tranquilamente, a dormir.
Al día siguiente, avión de regreso a Madrid a las 9.45.
Y así ha dado comienzo nuestra gira por Andalucía que la semana que viene continuará por Jaén, Córdoba y Sevilla.
Hay ganas!!
Almería y Granada han sido las primeras.
El viernes 13 de mayo, estaba en el aeropuerto tres horas antes de que saliera mi vuelo. ¿Motivos? Me tenía que ir solo a Granada y soy un desastre. Así, al menos, me aseguraba no perder el avión. Y no fue tan difícil. La T4 es enorme y presenta algún que otro problemilla de información. Pero entre unas cosas y otras, conseguí sacar mi tarjeta de embarque, comer, y acertar con el pasillo que me llevaba hasta la puerta correcta. ¡Bien! Soy torpe, pero no tanto. Por lo menos esta vez. La cosa no iba mal. Único inconveniente: 50 minutos de retraso en el despegue.
Llegué a Granada a las 18.00.
Taxi, hotel y para la feria del libro. No me tocaba firmar hasta el día siguiente, pero me apetecía mucho conocer a una persona que ha vivido paralelo a mí, o yo paralelo a él, durante este año y medio de Canciones para Paula: el gran escritor granadino Antonio Martín Morales compañero en Everest, autor de la saga, que recomiendo encarecidamente, “La Horda del diablo”. Antonio es un tipo increíble. Inteligente, locuaz, simpático, gracioso... y su mujer Zhined (creo que se escribe así), otro encanto de persona. Mientras él firmaba libros, yo hablaba con Nuria, Miguel (es el director comercial de Everest en Andalucía del que ya he hablado otras veces) y con Charly, el otro gran descubrimiento para mí en este viaje. Qué gran persona! Él es el comercial de Granada con el que me lo pasé fenomenal estos tres días. Me trató fenomenal y pasamos unos ratos buenísimos.
Cuando Antonio acabó, y tras paso breve por el hotel, nos marchamos los seis a cenar. Tapas granadinas y Coca Cola Ligth. Y luego... a bailar salsa!!! No os asustéis, yo no bailé nada. Si hay algo para lo que no he nacido es para bailar. Así que dejé paso a los profesionales. Cómo bailan Antonio y Zhined! Merengue, bachata, cumbia... todo. Me quedé con la boca abierta.
No nos fuimos muy tarde porque al día siguiente teníamos viaje a las 9.30.
Y así fue, después de un buen desayuno en el María Cristina, Nuria, Miguel, Charly y yo nos fuimos en coche hacia Almería. El trayecto fue divertidísimo y el de la vuelta aún más. Hablamos sobre todo de música. Y entre temas de el Boss y canciones de los ochenta se nos pasó volando las casi dos horas de camino.
La feria del libro de Almería, LILEC, es pequeña pero acogedora, en plena rambla.
Comencé haciendo un encuentro digital para lectores y luego la firma a las 13.00. Fue todo muy bien. Una hora sin parar de firmar y de hacerme fotos con todas las chic@s que vinieron y a la que doy las gracias. Fue bonito ver como en una ciudad donde todavía no habíamos estado, las seguidoras se vuelcan con CPP. Por allí pasó Canal Sur, el Ideal...
Luego, gran comida en un restaurante de la ciudad. Comí el típico tomate verde dulce de Almería, unas puntillitas (allí chipirones) y una lasagna de rape y verdura... increíble! Qué bien se come en España. En cualquier parte.
Y camino de vuelta en coche hacia Granada al ritmo de Siempre Así y Mártires del Compás, pese a las quejas de Charly, jaja.
La firma de Granada estuvo genial. No decepcionó. Estuvo a la altura y cumplió mis expectativas. Tenía muchas ganas de ir, ya que hacía tiempo que no iba y es de mis ciudades favoritas.
Primero estuvimos en el centro de exposiciones de CajaGranada, hablando del libro. Allí conocí a la embajadora de Granada, Marina. Ella es el ejemplo que la juventud es más de lo que muchas veces se dice. Una persona encantadora, humilde, muy lista y que lee todo lo que puede. Y solo tiene catorce años. Conoce a todos los autores y libros juveniles del momento. Y profesa por ellos una admiración extraordinaria. Ojalá volvamos a encontrarnos, porque nos caíste a todos fenomenal, Marina.
También estaba Tania, la segunda embajadora. Ella quedó segunda en las votaciones del concurso, pero como había obtenido tantos votos, compartió parte del evento con nosotros. Y se portó fenomenal, ayudándonos en todo. Ya la conocía porque ella es administradora del blog “our never land” e incluso habíamos hablado por teléfono para una entrevista. Gracias a ambas por todo.
En la firma conocí personalmente a Sofía Hinojo, una de las primeras chicas que apareció en este mundo CPP, allá en los tiempos del Fotolog, y a Carmen Heredia, sin duda, la chica que más veces me ha preguntado que cuándo iba a ir a Granada a firmar libros. Carmen eres una crack y tu padre igual!!! También a Natalia del blog “Arte-Literario”, a la que me hizo mucha ilusión encontrar (cuando vea a Vicky la saludaré de tu parte) A otras muchas seguidoras les puse cara por fin después de hablar con ellas a través de las redes sociales.
Tras una Coca Cola con las embajadoras, la prima de Marina, Charly y un matrimonio dueño de una librería en Granada, Nuria y yo nos fuimos al hotel muy cansados. Un bocadillo de jamón con tomate para cenar y tranquilamente, a dormir.
Al día siguiente, avión de regreso a Madrid a las 9.45.
Y así ha dado comienzo nuestra gira por Andalucía que la semana que viene continuará por Jaén, Córdoba y Sevilla.
Hay ganas!!
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MIS VIAJES CON CANCIONES PARA PAULA (2011)
lunes, 16 de mayo de 2011
AMOR A LOS 14. CAPÍTULO 8
Hoy he escrito en un papel lo que siento. Dicen que una de las mejores maneras para desahogarte es soltándolo todo en una página en blanco. Y eso he hecho. He cogido una libreta, un bolígrafo de tinta azul y me he tumbado en la cama dispuesta a dejar libres cada uno de mis pensamientos. Ha resultado, ya que durante varios minutos no he dejado de escribir ni un instante. Uff. Lo necesitaba.
Para que nos vamos a engañar, no estoy bien. Nada bien. Y es que las cosas han cambiado mucho en tan solo un día.
Cuando me desperté esta mañana lo primero que hice fue mirar el móvil por si Adrián me había dejado algún mensaje o me había llamado. Nada. Ayer desapareció después de recibir aquel SMS y no volvió a dar señales de vida. Somos vecinos, ¿debería de haber ido a su casa a preguntar qué le había pasado? Quizá. Pero todavía no me había quedado muy claro que éramos y que derechos y obligaciones tenía con él. Así que me aguanté y me fui a la cama triste. Hasta me entraron ganas de llorar. Me gusta mucho ese chico y que se marchara así, sin dar explicaciones y no volviera a llamarme, me afectó de verdad. Observaba el móvil cada dos minutos deseando que sonara, que fuera él. Que sensación de angustia tan enorme. Me preguntaba qué estaría haciendo, por qué no se ponía en contacto conmigo. ¿No lo habíamos pasado bien juntos? ¿No me merecía algunas respuestas? Yo creía que sí. Aunque no fuéramos novios todavía. Aunque solo fuéramos compañeros de clase con los sentimientos confusos. Aunque fuéramos amigos y nada más. Pero después de lo que había ocurrido entre ambos durante el fin de semana, lo menos que me merecía era una llamada. Sin embargo, esta no se produjo.
Esta mañana, mientras me dirigía hacia el instituto, deseaba con todas mis ganas encontrármelo en el camino. Abrazarle, besarle. Cogerle de la mano y reírnos en silencio. No reprocharle nada, sino simplemente, seguir con lo nuestro. Nuestra historia. Soy tonta, lo sé. Pero mis intenciones eran esas. En cambio, ni rastro de Adrián. ¿Estaría ya en clase?
No. No estaba. Y tampoco asistió a la primera hora. Ni a la segunda. Ni apareció en la tercera. Ahora sí, empezaba a preocuparme de verdad. ¿Y si le había pasado algo serio? Estuve a punto de marcharme en el recreo, pero tampoco tenía demasiado sentido que lo hiciera. ¿Cómo iba a justificar mi falta de asistencia? Entonces, y aunque está prohibido usar los teléfonos en el recreo, decidí llamarle. Me escondí en el gimnasio después de asegurarme de que no había nadie. Y lo llamé. Dos, tres veces. Me estaba volviendo loca. Siempre la misma respuesta. El número al que estaba llamando estaba apagado o fuera de cobertura.
¡No me lo podía creer!
Adrián se había esfumado. Había desaparecido de la tierra.
Sentada en una montaña de colchonetas le daba vueltas a la cabeza. Intentaba buscar algo que se me hubiera pasado por alto. Era tal mi locura que hasta me planteé las posibilidades más surrealistas. ¿Lo habían abducido los extraterrestres? ¿Se había fugado de casa? ¿Y si Adrián realmente no existía y era todo fruto de mi imaginación?
No. ¡Todo aquello era imposible! Y yo me estaba volviendo loca de verdad.
Retrocedí en el tiempo y analicé la situación. Y la conclusión a la que llegué es que las dos veces que Adrián desapareció y se comportó de manera extraña fue tras recibir aquellos misteriosos mensajes en el móvil. Ahí estaba la clave. ¿Quién se los enviaría y qué dirían?
En esas reflexiones estaba cuando la puerta del gimnasio se abrió. Rápidamente, me levanté y me escondí detrás de la montaña de colchonetas. Lo único que me faltaba es que el profesor de educación física me pillara allí en la hora del recreo. Sin embargo, pronto me di cuenta de que no era una, sino dos personas las que entraron. Se reían y hablaban en voz baja. Y luego... ¿besos?
¿Aquello era lo que parecía? ¡Sí! ¡Una pareja se había metido en el gimnasio para enrollarse allí dentro!
Rezaba para que no vinieran a las colchonetas. Si algo lo deseas mucho... se supone que se cumple. O no. Porque la parejita no tuvo en cuenta mis súplicas y se dirigió exactamente hacia donde yo estaba. ¡Madre mía! ¡No quería presenciar nada de lo que no estaba invitada a presenciar! Me di la vuelta y me tumbé en el suelo para que no me vieran. Los chicos sin ningún tipo de pudor, se echaron en la colchoneta de arriba y comenzaron a besuquearse. Y yo al lado, tumbada y muerta de vergüenza. ¡Qué marrón tan grande!
¿Duraría mucho aquella fiesta? El timbre que anunciaba el final del recreo no tardaría en sonar.
Cerré los ojos y volví a rezar. En esta ocasión imploré para que solo hubiera besos. Que no pasaran a la siguiente fase, por favor. Mi vida estaría marcada para siempre por aquella pareja si decidían dar un paso más. Pero afortunadamente, el timbre sonó. ¡Salvada por la campana!
Los chicos se dieron los últimos besos y riendo se levantaron. Menos mal, fin a la pesadilla. Aunque en ese momento, que ya no había peligro, sentí curiosidad por saber de quienes se trataba. Muy despacio me fui incorporando y me asomé por uno de los costados de la montaña de colchonetas. Y entonces, me quedé blanca. Mira que eso es difícil, porque mis pómulos siembre están sonrosados. Menuda sorpresa...
El chico era nada más y nada menos que mi ex: Pablo. Se estaba peinando con las manos cuando lo vi. Sonreía y resoplaba jadeante. Y ella... ¿la chica del cine? No. No era Susana, la tía más buena de mi clase. Ojalá lo hubiera sido. Sin embargo, a quien descubrí metiendo la mano en el bolsillo trasero del vaquero de Pablo fue a Alicia.
Alicia y Pablo...
¿Cómo me podían hacer algo así? Mi mejor amiga y mi único ex novio. El chico que hasta hace dos días me hacía dudar si lo quería y la chica que sabía todo de mí, con la que había compartido tantas cosas en estos años.
Tardé en reaccionar. Hasta tal punto que perdí la siguiente clase. A lo de Adrián, había que sumar lo que acababa de ver. No comprendía nada. ¿Desde cuándo se liaban esos dos? ¿Era una venganza por lo del sábado? ¿Estaban saliendo o solo era un rollo ocasional?
Bah, Qué mas daba. Yo no tenía derecho a juzgarles. Aunque me hervía la sangre, no podía prohibirles que estuvieran juntos. Si se querían, era su problema. Sí, un gran problema, porque aquella relación no tenía ningún futuro. Sabiendo como es uno y como es la otra, no durarían nada.
La hora pasó. Mi estado de ánimo estaba por los suelos. No puedo negarlo. Pero debía volver a clase. Tal vez, Adrián estaría ya allí. Eso me daría ánimos. Y con ese mínimo de esperanza salí del gimnasio y regresé a mi aula.
Nueva desilusión. El chico del que me estaba enamorando seguía desaparecido. Su asiento estaba vacío. Alicia me miró desconcertada al verme. Como el profesor ya había entrado en clase, no pudimos hablar nada, pero con gestos, me preguntó que donde me había metido. No le respondí y giré la cara hacia otro lado. Estaba muy enfadada y también preocupada, así que permanecí toda la hora comiéndome la cabeza.
Adrián, Pablo y Alicia... todos se habían puesto en mi contra. ¡No era justo!
Quería gritar, explotar. Decirle a todos que no se rieran de mí. Yo no había hecho nada malo. Alguien tenía que pagar mi rabia. Y fue... mi amiga.
Alicia se acercó en el último intercambio de clase. Quiso saber donde me había metido en la hora que había faltado. No le respondí al principio, pero cuando me dijo que si me pasaba algo que no tenía buena cara... no me pude contener. Le solté todo lo que había visto en el gimnasio y le grité que si aquello era una especie de venganza. Hasta le insinué que ella se había convertido en el segundo plato de los chicos que yo no quería. Ella no respondió nada. Se marchó a su asiento en silencio y permaneció el resto de la clase mirando hacia ninguna parte.
Que mal me sentí. Me fui arrepintiendo de todo lo que le había dicho en cada minuto de la siguiente hora. ¿Cómo había podido hablarle de esa manera?
Y lo peor fue que no pude disculparme. Al sonar el timbre, mi amiga salió corriendo y no me dejó que me acercara. Había metido la pata una vez más. Y estaba vez era grave.
Pero la mañana y los sobresaltos no habían terminado.
En el camino de vuelta a casa, lo vi. Sí, era él. Estaba sentado en un banco del parque cercano a casa. ¡Adrián! ¡Por fin! Pero no estaba solo. Una chica muy guapa le acompañaba. Los dos estaban hablando, muy juntos. Como una pareja.
¿Qué hacía?
Ya no sabía que sentía. Estaba confusa, triste, cansada de todo y de todos... pero saqué fuerzas y me acerqué hasta ellos. Quería una explicación.
Suspiré, me subí la mochila y apreté los dientes.
Antes de llegar hasta ellos grité su nombre. ¡Adrián! Él me miró y ella también. La observé más de cerca. Era una chica preciosa, pero lo más curioso es que aunque no la había visto en mi vida, me resultaba algo familiar. Enseguida, supe el motivo.
Aquella chica se parecía a mí. Por tanto, no podía tratarse de otra que de Lidia, la ex del chico que me gustaba.
Para que nos vamos a engañar, no estoy bien. Nada bien. Y es que las cosas han cambiado mucho en tan solo un día.
Cuando me desperté esta mañana lo primero que hice fue mirar el móvil por si Adrián me había dejado algún mensaje o me había llamado. Nada. Ayer desapareció después de recibir aquel SMS y no volvió a dar señales de vida. Somos vecinos, ¿debería de haber ido a su casa a preguntar qué le había pasado? Quizá. Pero todavía no me había quedado muy claro que éramos y que derechos y obligaciones tenía con él. Así que me aguanté y me fui a la cama triste. Hasta me entraron ganas de llorar. Me gusta mucho ese chico y que se marchara así, sin dar explicaciones y no volviera a llamarme, me afectó de verdad. Observaba el móvil cada dos minutos deseando que sonara, que fuera él. Que sensación de angustia tan enorme. Me preguntaba qué estaría haciendo, por qué no se ponía en contacto conmigo. ¿No lo habíamos pasado bien juntos? ¿No me merecía algunas respuestas? Yo creía que sí. Aunque no fuéramos novios todavía. Aunque solo fuéramos compañeros de clase con los sentimientos confusos. Aunque fuéramos amigos y nada más. Pero después de lo que había ocurrido entre ambos durante el fin de semana, lo menos que me merecía era una llamada. Sin embargo, esta no se produjo.
Esta mañana, mientras me dirigía hacia el instituto, deseaba con todas mis ganas encontrármelo en el camino. Abrazarle, besarle. Cogerle de la mano y reírnos en silencio. No reprocharle nada, sino simplemente, seguir con lo nuestro. Nuestra historia. Soy tonta, lo sé. Pero mis intenciones eran esas. En cambio, ni rastro de Adrián. ¿Estaría ya en clase?
No. No estaba. Y tampoco asistió a la primera hora. Ni a la segunda. Ni apareció en la tercera. Ahora sí, empezaba a preocuparme de verdad. ¿Y si le había pasado algo serio? Estuve a punto de marcharme en el recreo, pero tampoco tenía demasiado sentido que lo hiciera. ¿Cómo iba a justificar mi falta de asistencia? Entonces, y aunque está prohibido usar los teléfonos en el recreo, decidí llamarle. Me escondí en el gimnasio después de asegurarme de que no había nadie. Y lo llamé. Dos, tres veces. Me estaba volviendo loca. Siempre la misma respuesta. El número al que estaba llamando estaba apagado o fuera de cobertura.
¡No me lo podía creer!
Adrián se había esfumado. Había desaparecido de la tierra.
Sentada en una montaña de colchonetas le daba vueltas a la cabeza. Intentaba buscar algo que se me hubiera pasado por alto. Era tal mi locura que hasta me planteé las posibilidades más surrealistas. ¿Lo habían abducido los extraterrestres? ¿Se había fugado de casa? ¿Y si Adrián realmente no existía y era todo fruto de mi imaginación?
No. ¡Todo aquello era imposible! Y yo me estaba volviendo loca de verdad.
Retrocedí en el tiempo y analicé la situación. Y la conclusión a la que llegué es que las dos veces que Adrián desapareció y se comportó de manera extraña fue tras recibir aquellos misteriosos mensajes en el móvil. Ahí estaba la clave. ¿Quién se los enviaría y qué dirían?
En esas reflexiones estaba cuando la puerta del gimnasio se abrió. Rápidamente, me levanté y me escondí detrás de la montaña de colchonetas. Lo único que me faltaba es que el profesor de educación física me pillara allí en la hora del recreo. Sin embargo, pronto me di cuenta de que no era una, sino dos personas las que entraron. Se reían y hablaban en voz baja. Y luego... ¿besos?
¿Aquello era lo que parecía? ¡Sí! ¡Una pareja se había metido en el gimnasio para enrollarse allí dentro!
Rezaba para que no vinieran a las colchonetas. Si algo lo deseas mucho... se supone que se cumple. O no. Porque la parejita no tuvo en cuenta mis súplicas y se dirigió exactamente hacia donde yo estaba. ¡Madre mía! ¡No quería presenciar nada de lo que no estaba invitada a presenciar! Me di la vuelta y me tumbé en el suelo para que no me vieran. Los chicos sin ningún tipo de pudor, se echaron en la colchoneta de arriba y comenzaron a besuquearse. Y yo al lado, tumbada y muerta de vergüenza. ¡Qué marrón tan grande!
¿Duraría mucho aquella fiesta? El timbre que anunciaba el final del recreo no tardaría en sonar.
Cerré los ojos y volví a rezar. En esta ocasión imploré para que solo hubiera besos. Que no pasaran a la siguiente fase, por favor. Mi vida estaría marcada para siempre por aquella pareja si decidían dar un paso más. Pero afortunadamente, el timbre sonó. ¡Salvada por la campana!
Los chicos se dieron los últimos besos y riendo se levantaron. Menos mal, fin a la pesadilla. Aunque en ese momento, que ya no había peligro, sentí curiosidad por saber de quienes se trataba. Muy despacio me fui incorporando y me asomé por uno de los costados de la montaña de colchonetas. Y entonces, me quedé blanca. Mira que eso es difícil, porque mis pómulos siembre están sonrosados. Menuda sorpresa...
El chico era nada más y nada menos que mi ex: Pablo. Se estaba peinando con las manos cuando lo vi. Sonreía y resoplaba jadeante. Y ella... ¿la chica del cine? No. No era Susana, la tía más buena de mi clase. Ojalá lo hubiera sido. Sin embargo, a quien descubrí metiendo la mano en el bolsillo trasero del vaquero de Pablo fue a Alicia.
Alicia y Pablo...
¿Cómo me podían hacer algo así? Mi mejor amiga y mi único ex novio. El chico que hasta hace dos días me hacía dudar si lo quería y la chica que sabía todo de mí, con la que había compartido tantas cosas en estos años.
Tardé en reaccionar. Hasta tal punto que perdí la siguiente clase. A lo de Adrián, había que sumar lo que acababa de ver. No comprendía nada. ¿Desde cuándo se liaban esos dos? ¿Era una venganza por lo del sábado? ¿Estaban saliendo o solo era un rollo ocasional?
Bah, Qué mas daba. Yo no tenía derecho a juzgarles. Aunque me hervía la sangre, no podía prohibirles que estuvieran juntos. Si se querían, era su problema. Sí, un gran problema, porque aquella relación no tenía ningún futuro. Sabiendo como es uno y como es la otra, no durarían nada.
La hora pasó. Mi estado de ánimo estaba por los suelos. No puedo negarlo. Pero debía volver a clase. Tal vez, Adrián estaría ya allí. Eso me daría ánimos. Y con ese mínimo de esperanza salí del gimnasio y regresé a mi aula.
Nueva desilusión. El chico del que me estaba enamorando seguía desaparecido. Su asiento estaba vacío. Alicia me miró desconcertada al verme. Como el profesor ya había entrado en clase, no pudimos hablar nada, pero con gestos, me preguntó que donde me había metido. No le respondí y giré la cara hacia otro lado. Estaba muy enfadada y también preocupada, así que permanecí toda la hora comiéndome la cabeza.
Adrián, Pablo y Alicia... todos se habían puesto en mi contra. ¡No era justo!
Quería gritar, explotar. Decirle a todos que no se rieran de mí. Yo no había hecho nada malo. Alguien tenía que pagar mi rabia. Y fue... mi amiga.
Alicia se acercó en el último intercambio de clase. Quiso saber donde me había metido en la hora que había faltado. No le respondí al principio, pero cuando me dijo que si me pasaba algo que no tenía buena cara... no me pude contener. Le solté todo lo que había visto en el gimnasio y le grité que si aquello era una especie de venganza. Hasta le insinué que ella se había convertido en el segundo plato de los chicos que yo no quería. Ella no respondió nada. Se marchó a su asiento en silencio y permaneció el resto de la clase mirando hacia ninguna parte.
Que mal me sentí. Me fui arrepintiendo de todo lo que le había dicho en cada minuto de la siguiente hora. ¿Cómo había podido hablarle de esa manera?
Y lo peor fue que no pude disculparme. Al sonar el timbre, mi amiga salió corriendo y no me dejó que me acercara. Había metido la pata una vez más. Y estaba vez era grave.
Pero la mañana y los sobresaltos no habían terminado.
En el camino de vuelta a casa, lo vi. Sí, era él. Estaba sentado en un banco del parque cercano a casa. ¡Adrián! ¡Por fin! Pero no estaba solo. Una chica muy guapa le acompañaba. Los dos estaban hablando, muy juntos. Como una pareja.
¿Qué hacía?
Ya no sabía que sentía. Estaba confusa, triste, cansada de todo y de todos... pero saqué fuerzas y me acerqué hasta ellos. Quería una explicación.
Suspiré, me subí la mochila y apreté los dientes.
Antes de llegar hasta ellos grité su nombre. ¡Adrián! Él me miró y ella también. La observé más de cerca. Era una chica preciosa, pero lo más curioso es que aunque no la había visto en mi vida, me resultaba algo familiar. Enseguida, supe el motivo.
Aquella chica se parecía a mí. Por tanto, no podía tratarse de otra que de Lidia, la ex del chico que me gustaba.
miércoles, 11 de mayo de 2011
AMOR A LOS 14. CAPÍTULO 7
¡Menudo domingo!
Creo que con mi vida podrían hacer una película o una novela juvenil. Y es que las casualidades no paran de sucederse. ¿Es cosa del destino? En este caso, creo que más bien ha sido cosa de mi madre.
Hoy me levanté bastante tarde. Tenía mucho sueño porque anoche me costó dormirme. Normal. Los besos con Adrián, la pillada a Pablo, el enfado de Alicia... todo pasó muy deprisa y de una forma inesperada. Demasiadas cosas en mi cabeza. Por mucho que le ordenaba a mi mente que descansara, ésta era incapaz de relajarse. Ni contando ovejitas, ni escuchando música tranquila... nada. Imposible. Me dormí cerca de las cuatro de la madrugada. Así que hasta las once y media no me he levantado.
Mientras desayunaba, mi madre me contó que ayer habló con Eva, la vecina. Sí, la madre de Adrián. ¿Mi suegra? Suena muy raro llamarla así. Soy muy joven para tener suegras. Sin embargo, si empiezo a salir con él, esa señora se convertirá en eso. ¿No? El caso es que las dos conversaron animadamente y decidieron que hoy comeríamos las familias juntas. ¡Día de paella en el jardín!
Por un momento, pensé en que esto podría parecer la típica comida familiar planeada entre los padres del novio y de la novia. Pero cuando Eva y mi madre hablaron ni siquiera nos habíamos besado. ¡Qué casualidad! Justo el día después de liarnos, ya tenía que comer con su familia. Raro, ¿no?
A decir verdad, tampoco era tan mala idea. Podría volver a estar con Adrián. Aunque no sabía exactamente como comportarme. Después de lo de ayer, ¿éramos novios? Lo estuve pensando el resto de la mañana. Y solo estaba segura de una cosa: fuéramos lo que fuéramos, mis padres y los suyos no podían enterarse de nada.
Cuando sonó el timbre de mi casa, me puse muy nerviosa. Mi madre me gritó que abriera y yo corrí hasta la puerta, no sin antes tropezar con una doblez de la alfombra y casi estrellarme de cabeza contra el suelo. ¡Qué torpe! Por esto, cuando abrí, estaba colorada, una vez más, como un tomate. ¡Con lo mona que me había puesto! Había sacado del armario un vestido precioso, blanco, que me llega por las rodillas. Tal vez, un poco fresco para la época del año en la que estamos. ¡Pero para gustar hay que sufrir!
Adrián estaba muy guapo. Vestido totalmente con ropa vaquera azul. Me sonrió al verme y me dio dos besos, el segundo de ellos un pelín más largo. Luego su madre y su padre, que me saludaron con mucha efusividad. Qué simpáticos. Mis padres llegaron enseguida y los besos y abrazos se prolongaron. Los seis salimos al jardín.
¿Por qué siempre son los hombres los que preparan la paella de los domingos? Es una ley no escrita que se cumple una vez tras otra. Así que mi padre, Adrián y Arturo, su padre, se pusieron manos a la obra. Mientras, mi madre, Eva y yo nos encargamos del resto de cosas. Y entonces comenzó el bombardeo de preguntas. Parecía un concurso. Mi futura suegra preguntaba y yo respondía. ¿Cómo me iba en clase? ¿Qué quería estudiar cuando fuera mayor? ¿Qué pensaba de esto o de aquello?... y la pregunta clave. Llegó tras una sonrisilla maligna: ¿no hay ningún chico que te guste?
Mi madre y yo nos miramos antes de contestar. ¿Qué le decía yo a esta buena mujer? ¡Y delante de mi madre!
Dudé, tartamudeé y mentí: no. No había ningún chico que me gustara.
Creo que nadie me creyó. Además, mis mejillas me delataban. Pero al menos, en esta ocasión, me libré. El interrogatorio terminó porque los hombres nos llamaron: la comida estaba lista.
Me senté junto a Adrián. Era lo que llevaba esperando desde que llegaron. Había planteado inventarme cualquier excusa para que subiera a mi habitación. Pero hubiera sido gastar un cartucho demasiado pronto. Así que me aguanté las ganas de estar a solas con él. Teníamos que hablar. Pero aún no era el momento adecuado.
Es muy extraño estar al lado de la persona que te gusta y hacer como si nada. Nos rozamos un par de veces con los brazos y nuestras manos coincidieron por casualidad en la cestita de mimbre del pan. Fue un momento muy especial. Aunque parezca poca cosa, el simple contacto con sus dedos, me puso nerviosa y me provocó escalofríos. En ese instante, me entraron unas ganas enormes de besarle. Y creo que a él también le pasó. Pero nos contuvimos.
En la mitad de la comida descubrimos un nuevo método de contacto: por debajo de la mesa, con los pies. Hicimos “piececitos” un rato, hasta que le di sin querer una patada a su padre. ¡Que vergüenza! ¿Alguna vez se me curará el ser tan torpe? Creo que sé la respuesta. Por mi culpa, se nos cortó el rollo, aunque Adrián se estuvo riendo un buen rato.
A pesar de que es un chico bastante callado, y en ocasiones, excesivamente prudente y tímido, cuando sonríe se le ilumina la cara. Y si serio es guapo, riendo, es... perfecto.
Mis ganas de besarle aumentaban cada minuto y entonces ya no lo soporté más. Le propuse subir a mi habitación para que escuchara una canción que había descubierto hacía poco. Le hablé entusiasmada del “Solamente tú” de Pablo Alborán. Él accedió a subir a mi cuarto, pero cuando estábamos poniéndonos de pie, mi madre nos dijo que esperáramos, que el postre estaba listo: una mousse de limón que llevaba toda la mañana preparando.
Uff. Qué mala pata.
Le dije que no me apetecía pero insistió tanto que no nos quedó más remedio que quedarnos. ¡Vaya fastidio! ¡Yo quería otro postre!
Nos volvimos a sentar y aguardamos pacientes nuestro momento.
Aunque la mousse de limón estaba riquísima, deseaba con todas mis fuerzas que nos dieran permiso para levantarnos. Miré a mi madre a los ojos cuando me tomé el último trocito de postre y ésta hizo un gesto con la mano condescendiente. ¡Nos podíamos ir!
Casi agarro a Adrián por la mano, pero me controlé. Retiré la silla de la mesa con cuidado, me puse de pie despacio y sin mirar hacia atrás entré en la casa. Supuse que él vendría detrás de mí. Y así fue. Oía sus pasos cercanos. Hasta que llegó a mi altura y los dos caminamos hacia mi habitación.
Y de nuevo me puse nerviosa. Iba a estar a solas en mi cuarto con el chico que me gustaba. ¡Madre mía!
Afortunadamente, durante la mañana, previendo que podría pasar lo que estaba pasando, arreglé mi dormitorio. Todo estaba bien guardado y recogido. Incluso, olía a vainilla, gracias a una vela perfumada que encendí después de desayunar. El ambiente era ideal, pero yo estaba temblando. Y más cuando Adrián se sentó en mi cama. Sonrió, como él suele hacerlo y me invitó con la mano a que me sentara junto a él. Me hice un poco la remolona, pero terminé a su lado.
Sonriente, me preguntó por esa canción de la que le hablé. No sabía a qué se refería hasta que caí en la cuenta. Me incorporé y busqué en mi portátil el tema de Pablo Alborán. Play.
El piano sonaba y yo regresé a la cama con él. Sus ojos me miraban con dulzura. Me moría por besarle. El corazón me latía a mil por hora. Traté de disimular mi ansiedad y mi nerviosismo. Él parecía muy tranquilo. Como si estuviese acostumbrado a situaciones de ese tipo. Tomó la iniciativa y me puso una mano en la rodilla. Luego, se inclinó despacio y me acarició el pelo. Lo tenía muy cerca. Su rostro ya se encontraba a solo unos cuantos centímetros del mío. ¿Quería él ese beso tanto como yo?
Lo intuía. Lo sentía. Y lo experimenté. Sí, lo quería. Y fue muy bonito. Sentir de nuevo sus labios en los míos. Increíble. Me dejé llevar por sus besos, olvidándome de todo. No me importaba que mis padres estuviesen abajo con los suyos. Ni que fuéramos o no fuéramos novios. Solo me preocupaba una cosa: su boca, que danzaba con la mía en un baile continuo y preciso. Volaron los nervios, los miedos, la incertidumbre. Tenerle ahí, conmigo, era todo lo que pretendía. Lo que buscaba y había encontrado. ¿Magia? Sí era algo así como magia. Un sueño del que no quería despertar... pero del que desperté.
Un sonido, que me resultaba familiar, irrumpió en nuestra intimidad. Adrián tenía un mensaje en el móvil. ¡Qué oportuno!
Esto hizo que se detuviera aunque intenté persuadirlo para que se olvidara de él. Estábamos tan bien. Sin embargo, no tuve éxito en mis súplicas. Se disculpó y sacó su teléfono de uno de los bolsillo del pantalón. Resoplé al verlo leer aquel SMS. Como ayer, su expresión cambió. Y como ayer, me comentó que tenía que irse.
¡No! ¿Por qué?
No me dio explicaciones. Un último beso en la mejilla y adiós. Observé indignada como abría la puerta de mi habitación y se marchaba. ¡Qué rabia!
Estaba realmente enfadada. ¿Qué era tan importante para dejarme allí tirada? Cuánto misterio. Y no me gustaba nada.
Me levanté de la cama refunfuñando, apagué la música y bajé al jardín. Mis padres y los suyos seguían riendo y hablando de todo un poco. Yo ya no tenía ganas de reír. Me senté con ellos y aguanté impaciente a que Adrián se dignara a darme un buen motivo por el que se había marchado. Pero por más que miré mi móvil y revisé el ordenador durante toda la tarde, no recibí ni una sola respuesta.
¿Dónde se había metido este chico?
Creo que con mi vida podrían hacer una película o una novela juvenil. Y es que las casualidades no paran de sucederse. ¿Es cosa del destino? En este caso, creo que más bien ha sido cosa de mi madre.
Hoy me levanté bastante tarde. Tenía mucho sueño porque anoche me costó dormirme. Normal. Los besos con Adrián, la pillada a Pablo, el enfado de Alicia... todo pasó muy deprisa y de una forma inesperada. Demasiadas cosas en mi cabeza. Por mucho que le ordenaba a mi mente que descansara, ésta era incapaz de relajarse. Ni contando ovejitas, ni escuchando música tranquila... nada. Imposible. Me dormí cerca de las cuatro de la madrugada. Así que hasta las once y media no me he levantado.
Mientras desayunaba, mi madre me contó que ayer habló con Eva, la vecina. Sí, la madre de Adrián. ¿Mi suegra? Suena muy raro llamarla así. Soy muy joven para tener suegras. Sin embargo, si empiezo a salir con él, esa señora se convertirá en eso. ¿No? El caso es que las dos conversaron animadamente y decidieron que hoy comeríamos las familias juntas. ¡Día de paella en el jardín!
Por un momento, pensé en que esto podría parecer la típica comida familiar planeada entre los padres del novio y de la novia. Pero cuando Eva y mi madre hablaron ni siquiera nos habíamos besado. ¡Qué casualidad! Justo el día después de liarnos, ya tenía que comer con su familia. Raro, ¿no?
A decir verdad, tampoco era tan mala idea. Podría volver a estar con Adrián. Aunque no sabía exactamente como comportarme. Después de lo de ayer, ¿éramos novios? Lo estuve pensando el resto de la mañana. Y solo estaba segura de una cosa: fuéramos lo que fuéramos, mis padres y los suyos no podían enterarse de nada.
Cuando sonó el timbre de mi casa, me puse muy nerviosa. Mi madre me gritó que abriera y yo corrí hasta la puerta, no sin antes tropezar con una doblez de la alfombra y casi estrellarme de cabeza contra el suelo. ¡Qué torpe! Por esto, cuando abrí, estaba colorada, una vez más, como un tomate. ¡Con lo mona que me había puesto! Había sacado del armario un vestido precioso, blanco, que me llega por las rodillas. Tal vez, un poco fresco para la época del año en la que estamos. ¡Pero para gustar hay que sufrir!
Adrián estaba muy guapo. Vestido totalmente con ropa vaquera azul. Me sonrió al verme y me dio dos besos, el segundo de ellos un pelín más largo. Luego su madre y su padre, que me saludaron con mucha efusividad. Qué simpáticos. Mis padres llegaron enseguida y los besos y abrazos se prolongaron. Los seis salimos al jardín.
¿Por qué siempre son los hombres los que preparan la paella de los domingos? Es una ley no escrita que se cumple una vez tras otra. Así que mi padre, Adrián y Arturo, su padre, se pusieron manos a la obra. Mientras, mi madre, Eva y yo nos encargamos del resto de cosas. Y entonces comenzó el bombardeo de preguntas. Parecía un concurso. Mi futura suegra preguntaba y yo respondía. ¿Cómo me iba en clase? ¿Qué quería estudiar cuando fuera mayor? ¿Qué pensaba de esto o de aquello?... y la pregunta clave. Llegó tras una sonrisilla maligna: ¿no hay ningún chico que te guste?
Mi madre y yo nos miramos antes de contestar. ¿Qué le decía yo a esta buena mujer? ¡Y delante de mi madre!
Dudé, tartamudeé y mentí: no. No había ningún chico que me gustara.
Creo que nadie me creyó. Además, mis mejillas me delataban. Pero al menos, en esta ocasión, me libré. El interrogatorio terminó porque los hombres nos llamaron: la comida estaba lista.
Me senté junto a Adrián. Era lo que llevaba esperando desde que llegaron. Había planteado inventarme cualquier excusa para que subiera a mi habitación. Pero hubiera sido gastar un cartucho demasiado pronto. Así que me aguanté las ganas de estar a solas con él. Teníamos que hablar. Pero aún no era el momento adecuado.
Es muy extraño estar al lado de la persona que te gusta y hacer como si nada. Nos rozamos un par de veces con los brazos y nuestras manos coincidieron por casualidad en la cestita de mimbre del pan. Fue un momento muy especial. Aunque parezca poca cosa, el simple contacto con sus dedos, me puso nerviosa y me provocó escalofríos. En ese instante, me entraron unas ganas enormes de besarle. Y creo que a él también le pasó. Pero nos contuvimos.
En la mitad de la comida descubrimos un nuevo método de contacto: por debajo de la mesa, con los pies. Hicimos “piececitos” un rato, hasta que le di sin querer una patada a su padre. ¡Que vergüenza! ¿Alguna vez se me curará el ser tan torpe? Creo que sé la respuesta. Por mi culpa, se nos cortó el rollo, aunque Adrián se estuvo riendo un buen rato.
A pesar de que es un chico bastante callado, y en ocasiones, excesivamente prudente y tímido, cuando sonríe se le ilumina la cara. Y si serio es guapo, riendo, es... perfecto.
Mis ganas de besarle aumentaban cada minuto y entonces ya no lo soporté más. Le propuse subir a mi habitación para que escuchara una canción que había descubierto hacía poco. Le hablé entusiasmada del “Solamente tú” de Pablo Alborán. Él accedió a subir a mi cuarto, pero cuando estábamos poniéndonos de pie, mi madre nos dijo que esperáramos, que el postre estaba listo: una mousse de limón que llevaba toda la mañana preparando.
Uff. Qué mala pata.
Le dije que no me apetecía pero insistió tanto que no nos quedó más remedio que quedarnos. ¡Vaya fastidio! ¡Yo quería otro postre!
Nos volvimos a sentar y aguardamos pacientes nuestro momento.
Aunque la mousse de limón estaba riquísima, deseaba con todas mis fuerzas que nos dieran permiso para levantarnos. Miré a mi madre a los ojos cuando me tomé el último trocito de postre y ésta hizo un gesto con la mano condescendiente. ¡Nos podíamos ir!
Casi agarro a Adrián por la mano, pero me controlé. Retiré la silla de la mesa con cuidado, me puse de pie despacio y sin mirar hacia atrás entré en la casa. Supuse que él vendría detrás de mí. Y así fue. Oía sus pasos cercanos. Hasta que llegó a mi altura y los dos caminamos hacia mi habitación.
Y de nuevo me puse nerviosa. Iba a estar a solas en mi cuarto con el chico que me gustaba. ¡Madre mía!
Afortunadamente, durante la mañana, previendo que podría pasar lo que estaba pasando, arreglé mi dormitorio. Todo estaba bien guardado y recogido. Incluso, olía a vainilla, gracias a una vela perfumada que encendí después de desayunar. El ambiente era ideal, pero yo estaba temblando. Y más cuando Adrián se sentó en mi cama. Sonrió, como él suele hacerlo y me invitó con la mano a que me sentara junto a él. Me hice un poco la remolona, pero terminé a su lado.
Sonriente, me preguntó por esa canción de la que le hablé. No sabía a qué se refería hasta que caí en la cuenta. Me incorporé y busqué en mi portátil el tema de Pablo Alborán. Play.
El piano sonaba y yo regresé a la cama con él. Sus ojos me miraban con dulzura. Me moría por besarle. El corazón me latía a mil por hora. Traté de disimular mi ansiedad y mi nerviosismo. Él parecía muy tranquilo. Como si estuviese acostumbrado a situaciones de ese tipo. Tomó la iniciativa y me puso una mano en la rodilla. Luego, se inclinó despacio y me acarició el pelo. Lo tenía muy cerca. Su rostro ya se encontraba a solo unos cuantos centímetros del mío. ¿Quería él ese beso tanto como yo?
Lo intuía. Lo sentía. Y lo experimenté. Sí, lo quería. Y fue muy bonito. Sentir de nuevo sus labios en los míos. Increíble. Me dejé llevar por sus besos, olvidándome de todo. No me importaba que mis padres estuviesen abajo con los suyos. Ni que fuéramos o no fuéramos novios. Solo me preocupaba una cosa: su boca, que danzaba con la mía en un baile continuo y preciso. Volaron los nervios, los miedos, la incertidumbre. Tenerle ahí, conmigo, era todo lo que pretendía. Lo que buscaba y había encontrado. ¿Magia? Sí era algo así como magia. Un sueño del que no quería despertar... pero del que desperté.
Un sonido, que me resultaba familiar, irrumpió en nuestra intimidad. Adrián tenía un mensaje en el móvil. ¡Qué oportuno!
Esto hizo que se detuviera aunque intenté persuadirlo para que se olvidara de él. Estábamos tan bien. Sin embargo, no tuve éxito en mis súplicas. Se disculpó y sacó su teléfono de uno de los bolsillo del pantalón. Resoplé al verlo leer aquel SMS. Como ayer, su expresión cambió. Y como ayer, me comentó que tenía que irse.
¡No! ¿Por qué?
No me dio explicaciones. Un último beso en la mejilla y adiós. Observé indignada como abría la puerta de mi habitación y se marchaba. ¡Qué rabia!
Estaba realmente enfadada. ¿Qué era tan importante para dejarme allí tirada? Cuánto misterio. Y no me gustaba nada.
Me levanté de la cama refunfuñando, apagué la música y bajé al jardín. Mis padres y los suyos seguían riendo y hablando de todo un poco. Yo ya no tenía ganas de reír. Me senté con ellos y aguanté impaciente a que Adrián se dignara a darme un buen motivo por el que se había marchado. Pero por más que miré mi móvil y revisé el ordenador durante toda la tarde, no recibí ni una sola respuesta.
¿Dónde se había metido este chico?
domingo, 1 de mayo de 2011
LOGROÑO: RUEDA, PRESENTACIÓN Y PARTIDO
Logroño
Dice Nuria que podríamos escribir un libro con todas las anécdotas que nos van pasando en nuestros numerosos viajes por toda España. Y no le falta razón. Sería un diario muy divertido y lleno de peculiaridades. Logroño estaría en lugar destacado. Y es que antes de llegar a la capital riojana... pinchamos.
Nunca viajamos en coche. Normalmente, vamos en tren, bus o avión. Y mira, para una vez que nos desplazamos en el Mercedes de Nuria, pinchazo antes de llegar a Haro. Una hora en medio de la carretera, a pleno sol y a esperar que nos socorrieran jaja. Simplemente, fue una anécdota más, aunque suspendimos la rueda de prensa que teníamos convocada para los medios de la región.
Solo había estado una vez allí, y tengo buenos recuerdos. Eran otros tiempos y yo empezaba con mis prácticas en periodismo.
Nada más llegar a la ciudad, como siempre corriendo a alguna parte. En esta ocasión a Onda Cero, donde Cecilia en La Hora nos entrevistó a Sara y a mí. Sara es la embajadora de Logroño. Una chica que se sale de la norma en cuanto a embajadoras CPP, ya que no es de letras! Estudia química y hace Kun Fú, así que no os metáis mucho con ella eh jaja. Fue un placer conocerte, Sara.
Luego registro en el hotel, muy bueno por cierto, comida (con José Antonio, comercial de la zona, un crack), mucho mejor aún y paseo por la ciudad.
Creo que me llevo el sol a donde voy. No puede ser. Con lo que me gusta el frío y que esté nublado. Pero a cada ciudad donde voy a firmar, nos hace sol y calor.
Y después de descansar un ratito en el hotel, me fui con Sara a la librería Santos Ochoa, donde teníamos la presentación.
Es un sitio curioso. No es una simple tienda de libros, sino que han añadido otros productos como DVD´s, imprenta, música y hasta tiene una cafetería y un salón de actos. El trato que nos dio José Ignacio e Iñaqui fue fenomenal. Y también la gente del ayuntamiento de Logroño que celebraba la semana juvenil.
Soy sincero: Tenía dudas de cuantas personas asistirían al evento. No había hecho nunca mucha promo en Internet en la Rioja y cuando nos dijeron que íbamos a tener una firma allí, temí que no hubiera muchas seguidoras. Sin embargo, todo fue genial.
Entre 40 y 50 chicas, porque de nuevo todo fueron chicas, excepto un muchacho que fue con su novia y una amiga. Asistieron a la firma.
Me lo pasé muy bien. Como siempre. Es que cada vez me siento más cómodo hablando en público y explicando la historia de cómo ha surgido esta preciosa aventura. Las chicas estuvieron muy participativas y yo intenté hacerlo lo mejor posible. Espero que todas se divirtieron.
Lección 1: hay una moda que es llevar una media subida y otra bajada que desconocía y que Silvia Respliguenfigjsjasjsa me ayudó a entender.
Lección 2: Si quieres hacer un buen moño, ponte un calcetín en la cabeza.
No me preguntéis.
A lo largo de estos meses, me he dado cuenta de lo preparada que están las chicas adolescentes. No solo las universitarias, que cada vez son más las que van a las firmas. Pero jovencitas entre 12 y 16 años están más puestas en todo y tienen más iniciativa de la que yo tenía a su edad. Pero con mucha diferencia. Tienen blogs, escriben relatos, gestionan páginas web... esto que puede parecer natural a gente muy joven, os aseguro que no lo es para los que ya tenemos unos añitos. Y da gusto conocer a chicas como las de Logroño que no solo se ve que están muy preparadas para cualquier cosa sino que se mostraron encantadoras en todo momento. Gracias a todas.
A las 21.30 terminamos.
Otra de las cosas positivas de esta increíble experiencia es la cantidad de librerías y gente que vive de los libros que estoy conociendo. Me gusta mucho ese mundo y cada vez más. Te enteras de historias sorprendentes. Y hablar con personas que disfrutan tanto con su profesión como José Ignacio, de Santos Ochoa, es un aliciente más para dar como muy bueno este nuevo viaje.
En un pub, cenamos y vimos la segunda parte del Madrid-Barcelona de Champion... en esto no entraré. Al menos, en este capítulo.
Próxima parada... Granada!
Dice Nuria que podríamos escribir un libro con todas las anécdotas que nos van pasando en nuestros numerosos viajes por toda España. Y no le falta razón. Sería un diario muy divertido y lleno de peculiaridades. Logroño estaría en lugar destacado. Y es que antes de llegar a la capital riojana... pinchamos.
Nunca viajamos en coche. Normalmente, vamos en tren, bus o avión. Y mira, para una vez que nos desplazamos en el Mercedes de Nuria, pinchazo antes de llegar a Haro. Una hora en medio de la carretera, a pleno sol y a esperar que nos socorrieran jaja. Simplemente, fue una anécdota más, aunque suspendimos la rueda de prensa que teníamos convocada para los medios de la región.
Solo había estado una vez allí, y tengo buenos recuerdos. Eran otros tiempos y yo empezaba con mis prácticas en periodismo.
Nada más llegar a la ciudad, como siempre corriendo a alguna parte. En esta ocasión a Onda Cero, donde Cecilia en La Hora nos entrevistó a Sara y a mí. Sara es la embajadora de Logroño. Una chica que se sale de la norma en cuanto a embajadoras CPP, ya que no es de letras! Estudia química y hace Kun Fú, así que no os metáis mucho con ella eh jaja. Fue un placer conocerte, Sara.
Luego registro en el hotel, muy bueno por cierto, comida (con José Antonio, comercial de la zona, un crack), mucho mejor aún y paseo por la ciudad.
Creo que me llevo el sol a donde voy. No puede ser. Con lo que me gusta el frío y que esté nublado. Pero a cada ciudad donde voy a firmar, nos hace sol y calor.
Y después de descansar un ratito en el hotel, me fui con Sara a la librería Santos Ochoa, donde teníamos la presentación.
Es un sitio curioso. No es una simple tienda de libros, sino que han añadido otros productos como DVD´s, imprenta, música y hasta tiene una cafetería y un salón de actos. El trato que nos dio José Ignacio e Iñaqui fue fenomenal. Y también la gente del ayuntamiento de Logroño que celebraba la semana juvenil.
Soy sincero: Tenía dudas de cuantas personas asistirían al evento. No había hecho nunca mucha promo en Internet en la Rioja y cuando nos dijeron que íbamos a tener una firma allí, temí que no hubiera muchas seguidoras. Sin embargo, todo fue genial.
Entre 40 y 50 chicas, porque de nuevo todo fueron chicas, excepto un muchacho que fue con su novia y una amiga. Asistieron a la firma.
Me lo pasé muy bien. Como siempre. Es que cada vez me siento más cómodo hablando en público y explicando la historia de cómo ha surgido esta preciosa aventura. Las chicas estuvieron muy participativas y yo intenté hacerlo lo mejor posible. Espero que todas se divirtieron.
Lección 1: hay una moda que es llevar una media subida y otra bajada que desconocía y que Silvia Respliguenfigjsjasjsa me ayudó a entender.
Lección 2: Si quieres hacer un buen moño, ponte un calcetín en la cabeza.
No me preguntéis.
A lo largo de estos meses, me he dado cuenta de lo preparada que están las chicas adolescentes. No solo las universitarias, que cada vez son más las que van a las firmas. Pero jovencitas entre 12 y 16 años están más puestas en todo y tienen más iniciativa de la que yo tenía a su edad. Pero con mucha diferencia. Tienen blogs, escriben relatos, gestionan páginas web... esto que puede parecer natural a gente muy joven, os aseguro que no lo es para los que ya tenemos unos añitos. Y da gusto conocer a chicas como las de Logroño que no solo se ve que están muy preparadas para cualquier cosa sino que se mostraron encantadoras en todo momento. Gracias a todas.
A las 21.30 terminamos.
Otra de las cosas positivas de esta increíble experiencia es la cantidad de librerías y gente que vive de los libros que estoy conociendo. Me gusta mucho ese mundo y cada vez más. Te enteras de historias sorprendentes. Y hablar con personas que disfrutan tanto con su profesión como José Ignacio, de Santos Ochoa, es un aliciente más para dar como muy bueno este nuevo viaje.
En un pub, cenamos y vimos la segunda parte del Madrid-Barcelona de Champion... en esto no entraré. Al menos, en este capítulo.
Próxima parada... Granada!
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MIS VIAJES CON CANCIONES PARA PAULA (2011)
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